Orígenes del blues: de África a las canciones de trabajo

Texto: JOSEP PEDRO

El blues fue el resultado de un largo proceso de distintas fases marcado por la esclavitud y las formas de adaptación a un nuevo entorno, esto es, la vida del negro en Estados Unidos. De todas las etnias y nacionalidades que dieron cuerpo a la idea norteamericana del melting pot o crisol, los negros fueron los únicos que no llegaron por propia voluntad, ni con la idea de convertirse en ciudadanos.

La idea de melting pot o crisol cultural prometía a todos los inmigrantes la posibilidad de convertirse en americano en un contexto de libertad y democracia. Aludía a una unión de culturas bajo el paraguas de un país de inmigrantes que diera como resultado una identidad norteamericana común a todos. Sin embargo, como advirtieron Nathan Glazer y Daniel Patrick Moyhihan, “lo importante del melting pot es que nunca ocurrió” (Glazer y Moynihan en Lamo de Espinosa: 3). Por el contrario, los principales grupos étnicos han desarrollado formas económicas, políticas y culturales distintas, y han mantenido identidades diversas y en conflicto. Son, por supuesto, identidades dinámicas que han ido cambiando de generación en generación.

En oposición a la percepción como una música de lamento, el blues fue sobre todo una música de reconocimiento y superación (foto: Bill Steber, Leland, MS, 1995)

Si tenemos en cuenta la relación entre el proceso de formación del individuo y el estado, advertimos que en el caso de la población negra se produce una confrontación con el estado debido a su condición de explotado. Bajo condiciones de esclavitud, la concepción sobre los negros se limitó a la configuración de la fuerza de trabajo más barata y, “cualquier desviación de este propósito fue o bien accidental o extremadamente rara” (Jones/Baraka, 2002: 3). Tal y como recoge Howard Zinn, para el año 1860 la explotación de esclavos se había intensificado llegando a constituir el 47% de la población total de los estados de sur profundo norteamericano. Al mismo tiempo, la producción de algodón había pasado de mil toneladas a un millón de toneladas (Zinn, 2003:124).

Esta confrontación atravesará distintas fases, cuyo punto álgido se alcanza con la formación de organizaciones negras contra el sistema capitalista y racista en el que viven. Por tanto, la identidad colectiva del negro está, desde su llegada a EE.UU., muy marcada por las imposiciones externas. Primero por la esclavitud, y después por sistemas de segregación como las leyes de Jim Crow, instauradas en 1876 y vigentes hasta 1965, en la práctica hasta 1970-71.

Las investigaciones en torno a los orígenes del blues han incluido referencias en mayor o menor detalle a África. A menudo, han tratado de rastrear el estilo así como su naturaleza y formas expresivas en las comunidades africanas. Esta corriente ha argumentado que el estudio riguroso de las diversas formas de música negra debe incluir la relación con África, en tanto que constituye la raíz de prácticas culturales posteriores. De manera natural, los esclavos trajeron consigo la importancia de la música como forma de entender el mundo y lo adaptaron en forma de expresiones de resistencia propias en su nuevo entorno. Destaco a continuación las características de unión entre las raíces africanas y el desarrollo de la música afroamericana del siglo XX que considero más destacables a partir de la propuesta de William C. Banfield (2010: 96):

1. La música se basa en la comunidad
2. Refleja improvisación colectiva e individual.
3. Incluye comentario social.
4. Utiliza las repeticiones y variaciones como elementos expresivos
5. Reproduce expresiones guturales (gemidos, gruñidos, gritos…) como formas bellas.
6. Incita a la participación activa y reacción del interlocutor.

Los principales antecedentes del blues fueron las canciones de trabajo seculares (work songs) y las canciones espirituales (spirituals), de naturaleza religiosa. Los esclavos africanos tuvieron que atravesar una fase de adaptación y de cambios referenciales para dar cuerpo a una nueva música que “contenía la máxima cantidad de africanismos pero era extraña a África” (Jones/Baraka, 2002: 18). Este proceso se produjo a través de varias generaciones a través de las cuales se fueron filtrando experiencias, creencias y rituales de origen europeo. Así, los esclavos empezaron a tomar EE.UU. (o lo que conocían de estos) como referencia.

Las canciones espirituales (cánticos religiosos de los esclavos), cuyo desarrollo se sitúa entre el año 1690 y 1890, fueron creadas por los negros a partir de la fusión de la armonía europea y las formas de entender e interpretar la música propia de África. El resultado fue la configuración de una iglesia afroamericana y la instauración de una tradición cancionera particular interpretada de acuerdo a los seis puntos de unión africana-afroamericana señalados anteriormente. En la canción espiritual se produce, por tanto, una unión-colisión entre dos sistemas de valores distintos que se integran en el intercambio musical y social (Banfield, 2010: 96).

Narrativamente,  los espirituales están dirigidos a un conjunto social grande, a menudo a la humanidad. Se transmiten mediante un lenguaje figurado para hablar, en última instancia, de la lucha humana por la supervivencia y de la esperanza para superar la opresión y discriminación. El atractivo mensaje de estas canciones, por tanto, es capaz de ir más allá de una propia cultura; se dirige a grupos potencialmente ilimitados, específicamente a aquellos con los que compartían experiencias.

Por la propia naturaleza de las canciones espirituales, el intérprete no es tan importante como el mensaje en sí que, con el tiempo, fue convirtiéndose en una forma de resistencia y un vehículo para la libertad y liberación humana. En palabras de Roger Abrahams, “los esclavos no se deshicieron de su herencia Africana pero tampoco adquirieron los comportamientos y hábitos de sus amos blancos. Las prácticas surgieron como formas de resistencia, no en el sentido de atacar al sistema sino manteniendo alternativas hacia el tiempo, el trabajo y el status” (Banfield, 2010: 98).

Las canciones de trabajo (work songs) son melodías a capella fruto de la frecuente improvisación durante las largas jornadas laborales, generalmente vinculadas a la recogida de algodón. El ritmo de las canciones servía de apoyo y aliento para acompañar el movimiento físico del trabajo. Las cantaban para hablar de sus condiciones vitales, o en palabras del esclavo John Little “para mantener los problemas bajos y evitar que nuestros corazones estuvieran totalmente rotos”  (Zinn, 2003: 125). Tal y como lo expresa Martín Barbero hablando del caso brasileño, se produce “una simbiosis de trabajo y ritmo que contiene la estratagema del esclavo para sobrevivir. Mediante una cadencia casi hipnótica el negro le hace frente al trabajo extenuante, y atrapados en un ritmo frenético el cansancio y el esfuerzo duelen menos” (Barbero, 2003: 236).

La incorporación de instrumentos no llegó a extenderse hasta después de la proclamación de emancipación en 1863 y el final de la Guerra de Secesión. La población negra fue entonces incorporando instrumentos como la guitarra (de origen europeo) y la armónica (de origen chino), y adaptándolos a su forma de entender la música hasta convertirlos en instrumentos centrales en el desarrollo de la música negra, y por extensión, de las músicas populares del siglo XX. Esta redefinición musical a través de los instrumentos supuso mucho más que una simple adaptación en tanto que transformó los sistemas fundamentales de la música hasta entonces [ver: La sintaxis del blues ].

Referencias:

Banfield, W. (2010): Cultural Codes. Makings of a Black Music Philosophy. An interpretative history from spirituals to hip hop. Scarecrow Press, Inc.

Barbero, M. (2003): De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello, Santafé de Bogotá.

Gilroy, P. (1999): The Black Atlantic. Modernity and Double Consciousness. Verso, London-New York.

Jones, L./Baraka, A. (2002): Blues People. Negro music in white America. Harper Perennial, Inc.

Lamo de Espinosa, E. “La globalización cultural ¿Crisol, ensalada o gazpacho civilizatorio?”

Palmer, R. (1982): Deep Blues. A musical and Cultural History, from the Mississippi Delta to
Chicago’s Southside to the World. Penguin Books, New York.

Zinn, H. (1980; 2003), A people’s history of the United States 1492-Present. Harper Perennial.

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