Robert Johnson: mitos del narrador outsider

“Pronto esta mañana, cuando has llamado a mi puerta /
te he dicho: Hola Satán, creo que es hora de irnos.”
Robert Johnson (Traducción “Me and the Devil”)

Texto: JOSEP PEDRO

Figura legendaria del blues rural, Robert Johnson transformó la historia de la música popular con apenas 29 canciones, grabadas en dos sesiones a mediados de los años 30. Autor de clásicos como “Dust my broom”, “Sweet Home Chicago”, “Me and the Devil”, “Crossroads”, y “Love In Vain” entre otros, Johnson se ha convertido, por su música y su vida,  en uno de los mayores mitos de la historia de la música.

Robert Johnson fue aquel guitarrista enigmático que vendió su alma al diablo en un cruce de caminos a cambio de un talento sobrenatural. Fue aquel poeta maldito que murió envenenado a los 27 años, supuestamente a manos de un marido celoso. Fue el músico itinerante, casi nómada, que aparecía y desaparecía sin dejar rastro. Bebedor de whisky empedernido y mujeriego incorregible, Robert Johnson no es, sin embargo, un fenómeno aislado en las historias del sur norteamericano. Al contrario, Johnson es una representación única de la tradición del blues, un ejemplo de narrador outsider útil para entender un colectivo. Un hombre solo con su guitarra, que de algún modo pasó a la historia como un héroe canalla, misterioso y tremendamente atractivo.

Robert Johnson sí vendió su alma al diablo, pero lo hizo de manera metafórica, inmerso en el contexto socio-político del sur profundo de principio de siglo. Desde sus primeros años, su vida fue como un blues. Nació en Hazlehurst, Mississippi y cuando tenía dos años su familia se vio forzada a dejar el pueblo, tras una disputa con terratenientes. Según las investigaciones de Robert McCornick, su madre, Julia Major Dodds, llevó al pequeño Robert hasta otra plantación en Arkansas, lugar del que también tuvo que escapar, esta vez en mitad de la noche. Julia fue perseguida por un responsable de la plantación, terminó en Arkansas y finalmente dejó a Robert en un tren camino a Memphis, donde vivió con su padrastro durante un tiempo. Cuando tenía siete u ocho años, Robert volvió a reunirse con su madre y su nuevo marido (24 años más joven que ella) en Robinsonville, Mississippi, punto de partida del documental The Search for Robert Johnson (Chris Hunt, 1991).

Según la leyenda, Robert Johnson vendió su alma al demonio a cambió de recibir un talento inigualable para interpretar el blues. Esta versión de la historia suele apoyarse en el hecho de que durante un tiempo en que se desconoce el paradero y quehacer exacto de Johnson, este supuestamente mejoró increíblemente su capacidad para interpretar. A principios de los años treinta, el joven Robert Johnson seguía a músicos como Son House, Willie Brown y Charlie Patton alrededor de Robinsonville y en varios viajes. Supuestamente, estos bluesmen, más experimentados que Johnson, se reían de sus limitaciones.

Durante un tiempo, abandonó a sus mentores y volvió a su localidad natal, Hazelhurst, donde en 1929 se casó por primera vez. Tenía alrededor de 18 años y su mujer, Virginia Travis, 16. De acuerdo con las explicaciones de Robert Mac McCornick, la decisión de casarse significaba también, por primera vez en su vida, su voluntad de llevar una vida tradicional. Incluso trabajó en el campo durante un tiempo, supuestamente dejando la música en un segundo plano. Virginia decidió reunirse con su familia para tener el hijo y entonces Johnson marchó a tocar. Cuando acudió a visitarla, descubrió que su mujer y su hijo habían muerto durante el parto. Además de a la catástrofe personal, Robert tuvo que enfrentarse a la condena unánime de la comunidad local de su mujer Virginia. Estigmatizado como músico de blues ambulante, fue señalado como responsable de las muertes (Lee Pearson, B. y McCulloch, B., 2003).

Este momento supuso un punto de inflexión en la vida de Robert Johnson así como en la construcción de su leyenda. Su asociación con el demonio estuvo enmarcada dentro de la visión que se tenía del blues, de lo que representaba. La música del diablo quedaba en oposición directa con la idea de llevar el camino recto, ligada a la iglesia aunque en la práctica las diferencias estrictamente musicales (sintácticas) entre el blues y el gospel eran muy pocas. No obstante, ambos géneros connotaban significados distintos y conllevaban la idea de un estilo de vida antagónico (semánticapragmática).

Para el bluesman Johnny Shines, “la música de la iglesia y el blues son una misma cosa. Salen de las mismas almas, del mismo corazón, del mismo cuerpo” (Connor y Neff, 1975: 5). De acuerdo con su versión, el hombre blanco fue responsable de educar a su gente orientándoles hacia las canciones religiosas de temáticas lejanas y evitar cánticos sobre situaciones cotidianas. Por su parte, el bajista y compositor Willie Dixon explica que los propietarios de esclavos lavaban el cerebro a los negros “enseñándoles la Biblia y diciéndoles que podían volar al cielo y todo este tipo de cosas”. “Me gustó el blues y me quedé con el blues”, continúa Dixon, “porque está basado en hechos… no en falsedades” (Connor y Neff, 1975: 8). Aún así, es importante destacar la importancia de la iglesia para la cultura de la comunidad negra. En conjunto, la gran mayoría de músicos de blues, jazz y soul de esta y de generaciones posteriores comparten el pasado común de la iglesia.

A Robert Johnson, que ya llevaba un tiempo asociado con el estilo de vida itinerante y “pecador” (whisky, mujeres, viajes…) del blues, las muertes de su esposa e hijo le hicieron incorporarse conscientemente a esta tradición. Dejó el trabajo de campo definitivamente y se convirtió en un músico profesional itinerante que entretenía a la clase trabajadora Se asoció con todo aquello que había sido condenado y las letras de sus composiciones se volvieron más oscuras, a menudo incluyendo referencias al diablo. Fue durante este periodo cuando escribió “Me and the Devil”, en la que habla explícitamente de su relación con el diablo (Lee Pearson, B. y McCulloch, B., 2003).

“Puedes enterrar mi cuerpo al lado de la carretera,
así mi viejo y malvado espíritu podrá subirse a un Greyhound bus y viajar.”
Robert Johnson (Traducción “Me and the Devil”)

La figura del bluesman del delta está conectada con elementos simbólicos del viaje como las vías del tren y los cruces de camino. De hecho, la leyenda señala el cruce de caminos como el lugar donde Robert Johnson vendió su alma al diablo. Estos espacios simbolizaban la libertad de movimiento, del viaje y la auto-determinación. En el caso de las vías del tren se establece además una separación territorial presente en el lenguaje (“the wrong side of the tracks”) que alude a las zonas más marginales de las ciudades.

Aunque Robert Johnson es el caso más famoso de un músico que “vendió su alma al diablo”, también hay casos anteriores. En 1924, más o menos diez años antes que Robert Johnson, Clara Smith cantó “Done Sold My Soul to the Devil”, donde hablaba de una especie de persecución constante por parte del diablo: “Me persigue como un perro de caza, es más rápido que una serpiente”. Además, para explicar la conexión entre la tradición de la leyenda y el caso de Robert Johnson, se citan las palabras de Tommy Johnson, otro bluesman del delta que relataba así su experiencia:

“Si quieres aprender a hacer canciones, coge tu guitarra y ve al cruce de caminos. Asegúrate de llegar allí un poco antes de las 12. Toca una pieza con tu guitarra y un hombre negro grande aparecerá. Cogerá tu guitarra, la afinará, tocará un tema y te la devolverá. Así es como aprendí a tocar todo lo que quiero”.

Tommy Johnson

Aunque no emite un juicio de manera explícita, el documental The Search for Robert Johnson (Chris Hunt, 1991), que explora la leyenda del célebre bluesman, se opone a la leyenda, sobre todo con las declaraciones de del bluesman Johnny Shines, quien habla de la imposibilidad de entregar el alma. Parte de la creencia popular tradicional, sin embargo, queda reflejada con el testimonio de “QueenElizabeth, ex novia de Robert, que dice que todos los músicos de blues han vendido su alma al diablo.

Ante la típica dualidad de reforzar al máximo el mito o negarlo por completo, la contextualización de Robert Johnson en la tradición del blues, así como su inmersión en un colectivo mayor, ayuda a no pensar el mito sólo en términos sobrenaturales o exóticos y ser capaces de comprender el origen de estos.

Referencias:

Connor, Anthony and Neff, Robert (1975), The Blues in images and interviews. Cooper Square Press.

Pearson, B., McCulloch, B. (2003): Robert Johnson. Lost and Found. University of Illinois Press, Urbana and Chicago.

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