El narrador outsider del blues

No escribo nada a partir de la imaginación. El blues no es un sueño. Blues es la verdad. No puedo escribir sobre algo que no haya experimentado. Whisky, mujeres, dinero, y puede que política –esos son mis temas principales.

La carretera ha sido mi hogar. No he estado en prisión por asesinato, pero sé lo que es la cárcel. Sé sobre apostar, y sobre viajar al final de autobús. Le hablo a la gente de ello.

Brownie McGhee

El narrador outsider por Robert Crumb

El narrador outsider por Robert Crumb

Texto: JOSEP PEDRO

Entreteniendo a la gente con su música, divirtiéndose y, a menudo, dispuesto para seducir, la figura clásica del bluesman es la de un viajero estoico y romántico. Los bluesmen del delta viajaban de plantación en plantación; a pie, en el Greyhound o colándose en un tren de mercancías.  Pasaron la mayor parte de su vida adulta viajando de pueblo en pueblo, tocando la guitarra y cantando para gentíos en las esquinas, en cenas y fiestas caseras, en rurales bares de carretera y clubs urbanos (Pearson y McCulloch, 2003: 1). Y lo hacían porque para los afroamericanos, que emergían de una larga tradición de esclavitud y opresión, la sexualidad y el viaje eran las muestras más tangibles de la libertad (Davis, 1998: 67).

El bluesman itinerante del Mississippi fue una figura fundamental para el intercambio y mantenimiento de flujos culturales y sociales en las comunidades negras sureñas. Ejerció de narrador de historias (story teller) y de canalizador de la unión del negro en la plantación. Fue un narrador oral, con una clara orientación hacia lo práctico, cuyo relato sirvió para “organizar y dotar de sentido a la experiencia personal y colectiva. Retomando el sentido propuesto por Benjamin, la narración del bluesman era un medio para comunicar una experiencia que se actualiza en el acto mismo de la narración en cuanto experiencia de quienes la reciben” (Abril, 2007: pp. 186-187). Sus crónicas sociales pertenecen al patrimonio de la épica. El narrador toma lo que narra de la experiencia; la suya propia o la transmitida, la toma a su vez, en experiencias de aquellos que escuchan su historia (Benjamin, 1991: II-V).

Se configuran así redes de relaciones entre las plantaciones a través de los músicos de blues. A primera vista, se trata de redes muy débiles por el aislamiento, la distancia y la falta de infraestructuras de comunicación normalizadas, además de poca movilidad social. Sin embargo, son también vínculos muy fuertes producto de modos de vida extremadamente similares, problemas y objetivos comunes, tradiciones conjuntas, y empatía con el otro. Precisamente por su pertenencia a una determinada minoría étnica en situación de opresión, la población negra desarrolla una identidad común que, pese a estar muy fracturada por la señalización de diferencias entre ellos y la condición de oprimidos, establece igualmente una consideración empática del otro como igual.

Un hombre libre o liberándose para vivir a su manera y contar su historia y verdad. Un vividor dedicado al disfrute, la bebida y la compañía femenina. Alguien que disfruta de una hoy idealizada y nostálgica vida nómada.

Caminos del Mississippi (foto: Kwaku Alston)

Por otra parte, el bluesman es también una figura marginada, al margen de los comportamientos habituales y políticamente correctos. Remontándonos a Howard Becker y su trabajo sobre los músicos de jazz en Chicago, el bluesman sería un outsider, alguien que se desvía de un grupo de reglas, que se caracteriza por “el fracaso a la hora de obedecer las normas grupales” (Becker, 2009:27). La mayoría de hombres y mujeres que cantaron y tocaron el blues en el delta, que se entregaron, en definitiva, a esa forma de vida, no podían ni leer ni escribir. No poseían prácticamente nada. No eran considerados lo bastante respetables para trabajar como sirvientes en hogares blancos o para mantener posiciones de responsabilidad en sus comunidades (Palmer, 1982: 17).

El blues tenía tan mala fama que incluso sus más firmes adeptos encontraban prudente repudiarlo. Pero, por otra parte, el bluesman no tenía porqué respetar las convenciones sociales o las homilías eclesiásticas (Palmer, 1982: 17). De ahí, la tradicional oposición entre blues e iglesia, entre pecado y corrección. En esta línea, se construye un mito del bluesman como un hombre que no tiene que dedicar su vida a trabajar duro en el campo –aunque muchos también lo hicieran. Un hombre libre o liberándose para vivir a su manera y contar su historia y verdad. Un vividor dedicado al disfrute, la bebida y la sexualidad. Alguien que disfruta de una hoy idealizada y nostálgica vida nómada.

En este sentido, encaja con la figura del trickster, un personaje que regatea las normas de la sociedad con astucia y humor, a menudo para el beneficio personal. En la mitología y literatura de la tradición afroamericana, un trickster no se ajusta a un comportamiento social estándar sino que es un personaje rebelde, frecuentemente convertido en héroe que representa aquello que uno desea pero no puede alcanzar. Admirado y marginado, como narrador outsider el bluesman representa simultáneamente la individualidad y la comunidad, la diferencia y la necesidad de una cultura musical anclada en las experiencias.

Referencias:

Connor, A. and Neff, R. (1975): The Blues in images and interviews. Cooper Square Press.

Pearson, B; McCulloch, B. (2003): Robert Johnson. Lost and Found. University of Illinois Press, Urbana y Chicago.

Davis, Y., Angela (1998): Blues Legacies and Black Feminism. Vintage books, a division of Random House, New York.

Abril, G. (2007): Análisis crítico de textos visuales. Mirar lo que nos mira. Síntesis, Madrid

Benjamin, W. (1991): El narrador. Editorial Taurus, Madrid.

Becker, H. (2009): Outsiders, hacia una sociología de la desviación. Siglo Veintiuno, Argentina.

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