Pinetop Perkins: casi cien años de blues

Pinetop Perkins (foto Jill Rachell)

Texto: JOSEP PEDRO

Tradicionalmente la historia del rock ha premiado la juventud convirtiéndola en un valor añadido, a veces incluso un requisito. Los rockeros siempre han triunfado más si eran jóvenes, atractivos, si vivían rápido y haciendo mucho ruido, y la perpetuación de ciertos estereotipos ha sido en parte responsable del actual estancamiento del rock. Los hay, sin duda, que saben envejecer sin perder dignidad, sobre todo aquellos que nunca fueron demasiado artificiosos, pero los años pueden pesar como una losa. Aparecen las arrugas, los anacronismos, y esa voluntad malsana de querer seguir siendo siempre joven.

En el blues, por el contrario, los años son síntoma de experiencia, autenticidad y legitimidad, cualidades que caracterizaban al gigante Pinetop Perkins. Un bluesman con arrugas siempre gana puntos porque estas son las marcas del paso del tiempo, sus heridas de guerra y aunque el bueno de Pinetop no presumiese por ello, le sobraban las historias. Creció trabajando en las plantaciones de algodón del Mississippi, ayudó a llevar una destilería ilegal, superó el apuñalamiento de una corista, aguantó una ruptura de tímpano tras el estallido del ampli de Earl Hooker, luchó contra el alcoholismo a los 83 años, y siguió fumando hasta el día de su muerte. La vida de Pinetop fue, de hecho, como el blues: dura, itinerante, eterna y, en última instancia, legendaria.

Pinetop nunca se retiró, nunca tuvo intención de dejar la música ni los clubs sino que tuvo conciertos programados hasta el último día. Su corazón de blues dejó de sonar a los 97 años, cuando todavía conservaba intacta su ilusión por tocar: “Sólo quiero hacer feliz a la gente y sacarme un dólar o dos. Es todo lo que sé hacer”, decía. Se marchó tranquilo, en mitad de un sueño en su casa de Austin, agradecido por una vida larga e intensa, recordándonos que ni siquiera él podía vivir para siempre. Lo hizo durante la madrugada del 21 de marzo, curiosamente el mismo día en que nació Otis Spann, pianista al que sustituyó en la banda de Muddy Waters. Con su marcha, el mundo ha perdido al entrañable abuelo del blues, a un maestro del boogie woogie y a uno de los músicos que realmente construyeron el estilo. Era uno de los últimos vínculos con la tradición del blues pues sus vidas, la de Pinetop y la del blues, corrían de la mano. Ambos salieron del delta del Mississippi, pelearon para emigrar hacia el norte hasta conquistar ciudades como Chicago, Nueva York, Detroit y Los Angeles y terminaron readaptándose a los nuevos tiempos.

La miel del Mississippi

Joseph William Perkins nació el 7 de julio de 1913 en la plantación de algodón Honey Island de Belzoni, una pequeña localidad rural del estado de Mississippi de apenas 3000 habitantes que hoy mantiene la distinción de “Corazón del delta”. Los padres de Pinetop, nombre que tomó del pianista Clarence “Pinetop” Smith, se separaron cuando tenía 6 años. “Mi padre nos abandonó cuando yo era muy pequeño. No sé realmente que le pasó. Supongo que tenían el blues”. A los 9 pasó a vivir con su abuela, quien le introdujo al tabaco y el whisky y abandonó el colegio en tercero de primaria para trabajar en las duras jornadas de recogida de algodón. “Trabajar todo el día por 50 céntimos. Eso es lo que es”, recordaba. En el sur profundo de los Estados Unidos, territorio abierto con la dura herencia de la esclavitud, Pinetop buscó una salida a través de la música y aprendió a tocar la guitarra y el piano en su adolescencia, buscando una forma de vida distinta y con mayor libertad para viajar.

Inició su camino hacia el norte a los 16, marchándose de casa tras una paliza de su abuela, e instalándose durante un tiempo en Tutweiler, Mississippi donde interpretó gospel en una iglesia hasta que su relación con la hija del pastor y sus pocos ingresos le obligaron a marchar. Pinetop estuvo entonces tocando como guitarrista junto a Robert Nighthawk por distintos sitios del Mississippi hasta terminar instalándose en Clarksdale, verdadero enclave del desarrollo del blues, donde actuó en fiestas, antros de calor y olor a whisky y en plantaciones de algodón como Hopson, lugares de reunión comunes para trabajo y fiesta. “Cuando empecé a tocar en la plantación, Charlie Patton solía tocar también”, recordaba Pinetop. “Era un gran guitarrista y cantante de blues y empecé a tocar como él. (…) Por aquella época bebía mucho whisky, todo el que podía”.

Supervivencia

A principios de los 40 Pinetop inscribió su nombre para siempre en la historia, no sólo del blues sino de los medios de comunicación. Inicialmente junto a Robert Nighthawk y después formando grupo con el maestro de la harmónica Sonny Boy Williamson II, Pinetop participó en la programación de la KFFA de Helena, Arkansas, la primera radio que permitió a los negros tocar en directo. “Todos los días entrabamos en Bright Star hacia las 12.30 y tocábamos treinta minutos”, dijo Pinetop sobre su experiencia junto a Nighthawk. “La gente nos escuchaba y quería que tocásemos para ellos. Escribían a la radio para contratarnos y así viajábamos por distintos lugares –todo Mississippi, todo Arkansas. Así nos ganábamos la vida.”

Después de un tiempo, Pinetop dejó a Robert Nighthawk para tocar junto a Sonny Boy Williamson II en el King Biscuit Time. El dirigente Sam Anderson había ofrecido la venta de un espacio para actuaciones de blues siempre y cuando consiguiesen un patrocinador y la empresa Interstate Grocer Company, distribuidora de harina King Biscuit, vio en la oferta una gran oportunidad. De ahí nació el grupo King Biscuit Entertainers cuya función era publicitar la harina King Biscuit a través del blues en un espectáculo diario de quince minutos. “El hombre de Interstate Grocery me escuchó tocar y se lo dijo a Sonny Boy Williamson”, recordaba Pinetop. “Así que Sonny Boy me habló de ello y me cambié a King Biscuit. Robert Nighthawk odió verme marchar. Entrábamos a las 12.15 todos los días y luego salíamos a vender desayunos Sonny Boy Meal y harina King Biscuit Solíamos ir de gira en camiones, tocando en camiones. ¡Oh, me encantaba aquella vida!”

Pinetop Perkins, omnipresente cigarro en los labios, rasguea la guitarra prestada por un admirador (foto: Dianne Russell)

El éxito del programa, que continúa vigente a día de hoy, propició giras por las plantaciones y pequeñas comunidades del profundo sur norteamericano y terminó convirtiéndose en un gran referente para jóvenes aficionados y talentos como Jimmy Rogers y Little Walter. Empresarialmente, el uso del blues como herramienta de publicidad fue una manera ideal de conectar con la población negra rural, público objetivo de numerosos productos, a través de un lenguaje cultural popular con el que se identificaban plenamente.

Durante su estancia en Helena, un pequeño Chicago del sur, Pinetop pasó por uno de los momentos más duros de su vida. Una corista encerrada durante horas en un lavabo terminó apuñalándole al salir furiosa, pensando que había sido él y no su ex marido quien la había encerrado. “Su marido Leroy –nunca olvidaré su nombre- puso tres barriles junto a la puerta para que no pudiese salir”, recordó Pinetop. “No me di cuenta porque me había apartado un poco y estaba hablando cerca de la puerta. Cuando salió dijo: ‘¡Quiero ver al que ha cerrado la puerta!’ Entonces empezó a golpearme con uno de esos cuchillos pequeños… No me preguntó nada, solo vino a rajarme. Fue hacia el corazón, puse el brazo para protegerme así que me apuñaló en el brazo cortándome el músculo y los ligamentos, ¡por nada!

“La única razón por la que no perdió el brazo”, explica su manager Pat Morgan, “fue que el patrocinador del espacio consiguió que un médico blanco le operase. En aquellos tiempos los servicios médicos estaban estrictamente segregados y sin un hospital para negros cercano, llamó al hospital para blancos diciendo ‘¿Qué voy a hacer con un pianista de un solo brazo?’”. Pinetop salvó el brazo pero tuvo que abandonar la guitarra para siempre. Es una falsedad demasiado extendida que Pinetop “se pasó” al piano tras el apuñalamiento pues, como veíamos, combinó ambos instrumentos desde pequeño y en el momento de la agresión era el pianista de los King Biscuit Entertainers. “Todavía me limita cuando toco el piano. Mi rolling bass solía ser un trueno hasta que eso pasó”, dijo Pinetop sobre la potencia de su brazo izquierdo. “Ya no puedo hacerlo igual”.

Dulce hogar, cálido destino

Inmerso en las grandes migraciones negras, Pinetop siguió viajando hacia el norte y en 1949 se instaló en Cairo, Illinois, donde trabajó un tiempo como mecánico. Su carácter inquieto siguió llevándole de un sitio a otro, acumulando nuevas historias. Estuvo de gira con Robert Jr. Lockwood, colaboró con B.B. King y con Ike Turner (a quien enseñó a tocar el piano), grabó “Jackson Town Gal” con Robert Nighthawk para los hermanos Chess, y durante una sesión para Sun Records junto a Earl Hooker, convirtió el boogie woogie de Clarence Pinetop Smith en su propio “Pinetop’s Boogie Woogie”. Perdió casi la mitad de su capacidad auditiva después de que las virguerías de Earl Hooker reventaran el ampli a su lado, tocó en St. Louis con Johnny O’Neill & the Hound Dogs y se mudó definitivamente a Chicago en 1960.

Pinetop tenía 55 ó 56 años cuando se unió a la banda de Muddy Waters en 1969 y, siendo el más mayor, pronto se convirtió en una especie de figura paterna apreciada por todos. Durante los doce años que estuvo junto a Muddy, Pinetop aportó experiencia y redefinió el sonido del Chicago blues con su mezcla única de barrelhouse, boogie y blues de la vieja escuela. Estuvo de gira junto a Muddy y participó en sus cuatro discos producidos por Johnny Winter, entre ellos los aclamados Hard Again (Blue Sky, 1977) y I’m Ready (Blue Sky, 1978), además de aparecer en The Last Waltz (Scorsese, 1978) y a menudo tocar en Washington junto a los Nighthawks. En su último disco, King Bee (Blue Sky, 1981), Muddy acusó problemas de salud y con la aparición de conflictos económicos los miembros de su banda decidieron emanciparse y formar su propio grupo, The Legendary Blues Band, una especie de “dream team” del blues con Pinetop ejerciendo de pianista y cantante.

Tras dos discos con The Legendary Blues Band –Life of Ease (Rounder, 1981) y Red Hot ‘n’ Blue (Rounder, 1983)- y giras con los Stones, Dylan y Clapton entre otros, Pinetop decidió iniciar su camino como líder en solitario a la friolera de 75 años con la publicación de After Hours (Blind Pig, 1988), un álbum que combinó lentos blues de porche con jump blues y boogie, recuerdos al Chicago blues y reminiscencias del Mississippi. Demostró andar sobrado de fuerzas y música y publicó 16 discos como líder en 16 años, de 1992 a 2008, en un esfuerzo discográfico poco común. Entretanto, Pinetop tuvo que hacer frente a un arresto domiciliario como consecuencia de varias condenas por conducir bebido. Cumplidos los 83, sometió su alcoholismo a rehabilitación en el 95, mismo año en que murió Sara Lewis, su pareja de los últimos 30 años. Después de vivir un tiempo en La Porte, Indiana y superar semejantes vuelcos se mudó a Austin, donde pasaría sus últimos años.

Mi encuentro con Pinetop

Tuve la suerte de conocerle apenas unos meses antes de su muerte. A los 97 años, Pinetop seguía tocando habitualmente y solía aparecer, a menudo sin previo aviso, por las jam sessions de Antone’s, el célebre club de Austin que acogió el Chicago Blues en los años 70 y 80. Vestido con su elegancia; traje, sombrero y bastón, Pinetop caminaba despacio, entre susurros y miradas que abandonaban el escenario para dar media vuelta y contemplar el paso lento de su héroe. En Antone’s, una especie de almacén industrial rectangular, se sentaba en una esquina del club, la más cercana al escenario y más lejana a la entrada. Al lado del limpiabotas, vendía él mismo su propio material: el dvd biográfico Born in the honey (Sagebrush Production, 2007), y los discos Pinetop Perkins and Friends (Telarc, 2008) y Joined at the Hip (Telarc, 2010) mientras atendía a fans, disfrutaba de la música y apuraba privilegiadamente un cigarro tras otro. Le observé durante un rato y después traté de hablarle al oído. Con el sonido de la banda al fondo, busqué una entrevista a gritos pero su oído maltrecho no respondía. Como en un gesto de reafirmación, Pinetop me miró, y mientras asentía con la cabeza, solo dijo: “Pinetop Perkins”, como recordándome que sí, que era él, uno de los mejores pianistas de blues que ha habido, pero que poco más podía pedírsele a un anciano de 97 años que todavía regalaba clásicos como “Grindin’ Man”, “Down in Mississippi” y “Got My Mojo Workin’”.

Blues con arrugas

Unánimemente admirado por el mundo de la música, Pinetop terminó convertido en un tesoro nacional cuya increíble longevidad no hizo sino aumentar su leyenda, reservándole para siempre un lugar en la historia de la música popular. Cada celebración de cumpleaños se convertía en una fiesta para la comunidad del blues. Celebró sus 88 años con las 88 teclas de un piano nuevo y recibió la llave de la ciudad de Austin al cumplir 92, al tiempo que aparecía en revistas especializadas, periódicos y documentales como Piano Blues (Clint Eastwood, 2003) y Godfathers and Sons (Mike Levin, 2003). Nunca dejó de viajar y visitó España en 2007 para tocar en el Blues Cazorla y el pasado verano para hacerlo en el Hondarribia Blues Festival, donde cumplió los 97 años.

Apenas un año antes de su muerte Pinetop grabó Joined at the Hip (Telarc, 2010), el que finalmente sería su último disco, junto a su inseparable amigo y compañero Willie “Big Eyes” Smith por el que recibieron un Grammy al mejor álbum de blues tradicional, convirtiendo a Pinetop en el músico de mayor edad en recibirlo. Smith y Pinetop, que ya recibió un Grammy honorario por su carrera en el 2005, se conocieron cuando Smith tenía siete años. Su padrastro era una gran aficionado a King Biscuit Time y siendo de Helena, Arkansas, donde se grababa el espacio, no pudieron más que presentarse a conocer a los músicos. Con el tiempo, estos dos bluesmen de 23 años de diferencia, fueron compañeros en la banda de Muddy Waters y en la Legendary Blues Band, aparecieron juntos en la película de los Blues Brothers acompañando a John Lee Hooker y terminaron siendo íntimos. “Pensar en alguien al que has estado unido durante tanto tiempo y saber que no le vas a volver a ver más”, dijo Smith en su funeral, “es como perder a mi padre y a mi madre.”

Mujeriego amigo del flirteo y hombre sencillo con cara de bueno, Pinetop ya tocaba con “alma” mucho antes de que esa expresión se utilizase. Su sonido, mezcla mágica de suavidad, dulzura añeja, y contundencia controlada seguirá siendo referencia obligada para cualquiera que se acerque al blues en el futuro. Su sutil sentido melódico, anclado siempre en la esencia del blues, es muestra de la prescindibilidad de detalles accesorios porque en Pinetop, bluesman humilde y bromista, uno encuentra la raíz y las ramas del grueso tronco del blues. “No recibí ninguna educación, tan sólo lo pillé”, repetía Pinetop. “Todo lo que hago, lo aprendí de oído”. Casi cien años de blues que Pinetop, como no, resumía con sencillez: “Pasé tiempos duros pero lo conseguí”.

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Artículo publicado en la revista Ruta 66 (nº287 noviembre 2011)

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