Flaco Barral: After hippie, after ego, after blues

Jorge “Flaco” Barral actúando después de la proyección del documental Hondarribia Crossroads (foto: Jorge Biancotti)

Texto: JOSEP PEDRO

Firme y veterano integrante de lo que Ramón del Solo ha llamado las Brigadas Internacionales –“músicos o aficionados que llegaron de otros sitios para asentarse en nuestro país y ayudar a que el género tuviese una razón de ser en esta esquina de Europa”, Jorge “Flaco” Barral puede presumir de llevar más años en España que nuestra escena de blues. Llegó en el año 73, poco antes del golpe de estado en Uruguay, tras haber hecho historia como pionero del blues y blues rock con Opus Alfa y Días de Blues.

Desde entonces, Flaco ha formado parte de numerosos proyectos y, entre una larga lista, ha sido acompañante de Mike Kennedy (Los Bravos) y Gato Pérez, productor de Siniestro Total, Derribos Arias y Las Vulpes, miembro de Manzanares Delta [Fede Aguado, Osi Martínez, José Manuel Torrego] y de Ñaco Goñi y los Bluescavidas, y líder distintas iniciativas (Flaco Barral Trío, Raga & Blues).

Bajista seguro especializado en ritmos arrastrados, compositor, cantante y guitarrista, Flaco ha destacado por su actitud abierta y búsqueda musical, enraizada en valores de libertad expresiva, patrones cálidos y comunicación con el público. Anclado en el blues y el folk, su enfoque está por una parte abierto a las músicas y culturas del mundo y, por otra, comprometido con su lengua materna como vehículo identitario y de conexión con el público.

Flaco, estirado y de larga melena blanca, Barral se ha convertido en una figura emblemática y excéntrica que da rienda suelta a su imaginación, asumiendo la mezcla e hibridación musical, definiéndose como un músico de raíz –de la vida. Después de cuarenta años de trayectoria, sus inquietudes, experimentos y delirios siguen su camino, imprimiendo su carácter y particular sentido del humor y la sensatez a todo aquello en lo que participa.

Los Inicios

¿Cuándo empezaste a tocar?

Empecé sobre los años 60 y tantos, más o menos sobre el 62-63. Pero no tocando blues sino aquello de los Beatles, y Rolling… toda aquella movida. El pop británico era donde se aprendía a tocar. Yo soy autodidacta, entonces había que aprender de alguna manera.

¿Cuál fue tu primer instrumento?

La guitarra acústica, que para mí fue fundamental. Cuando empiezas hay que empezar con nylon para que se te vaya acostumbrando la mano. Yo empecé con acero y las primeras noches cuando terminaba de estar media hora tratando de tocar, a veces me ponía a llorar porque veía que no sonaba nada. No podía apretar esas cuerdas tan duras.

¿Cómo pasaste a tocar el bajo?

Estuve una temporada en Argentina, y seguía tocando la guitarra. Vuelvo a Montevideo y conozco un grupo uruguayo muy bueno y con un gran guitarrista. Justo se iba el bajista y me dicen si quiero tocar el bajo. Yo no tocaba el bajo pero ya que era un cambio de guitarra hacia el bajo dije que si se hacían temas en castellano pillaba el bajo, si no seguía como estaba.

¿Qué músicos te influyeron para tomar el camino del blues?

Antes de yo entrar, Opus Alfa era un grupo que hacía versiones de grupos blueseros, principalmente ingleses, como John Mayall y todo aquello. Ahí es donde entro a tocar el blues.

¿Cómo conseguías el acceso a la música?

En casa en Uruguay teníamos una radio de aquellas que tenías antenas arriba de tu casa y pillabas de EE.UU., de Europa, de todos sitios. Luego mi padre siempre fue muy ‘colgao’, era pintor y cantante de ópera. Le gustaba la música americana muchísimo, todo lo que eran los grandes grupos de jazz y blues. Siempre trataba de conseguir discos o lo que fuera de blues, o de jazz… y ahí siempre tenía un contacto muy grande con la música americana.

Mi padre realmente me ayudó muchísimo. Además, como él había sido cantante de ópera, me decía: “ahí desafinas, ahí desastroso…” [risas]. Me tenía que poner mucho las pilas para que no me dijera nada. Te dejaba, te dejaba y cuando ya habías terminado te decía: “oye, has desafinado mucho”. Un día me mandó un montón de canciones que tenía escritas. Él nunca fue super profesional y los temas estaban en un cassetillo en casa. Un día dije: “¡joder, voy a musicar algunas de ellas!”. Entonces pillo el casetillo, me pongo con la guitarra y estaba perfectamente afinado el cabrón. Era como que tenía un oído de estos de afinación perfecta.

Blues en España

Integrante de Opus Alfa y Días de Blues, Flaco fue pionero del blues en Uruguay antes de su llegada a España (foto: Flaco Barral)

Háblame de tu llegada a España…

Yo llego en el 73, tres meses antes del golpe de estado de Uruguay. En mi condición de pobre, vengo en barco en vez de en avión. O sea, trece días en barco. Y bajo en Barcelona, donde estoy una temporada bastante larga, o sea un par de años o por ahí. No terminé de acostumbrarme a Barcelona. Es como que somos muy diferentes, una idiosincrasia totalmente diferente.

Pero estoy con grupos, con Gato [Pérez], no sé si Emilio Baleriola… y en con uno de los grupos voy a Menorca y me quedo durante un par de años más en el medio del campo tratando de romper lo de Uruguay y lo de Barcelona. Empezar de nuevo, de cero. Ahí llega a la isla Hilario Camacho; vive en casa durante menos de un año, componemos un disco juntos y me dice de venir a grabarlo en Madrid. Me vengo con él a grabar el disco y me quedo en Madrid.

¿Encuentras blues aquí?

Nada, aquí el blues no existe. De hecho, tengo un par de anécdotas. La primera es que conozco una gente ahí en Barcelona que el día de fin de año tocaban en un centro militar, en plan baile. Ellos sabían que yo venía del blues, entonces me dicen: “joder tío, llevas sin tocar como tres meses… ¿Por qué no te vienes y nos tocamos un bluesesito?” Dije: “Bien tío, puta madre”. Voy ahí y están tocando pachanga y dicen: “vamos a invitar un amigo, que viene de Sudamérica, uruguayo y vamos a tocar un ritmo que es poco bailable pero quiero que entendáis…” Pillo el bajo, nos ponemos a tocar el blues y se pusieron como una fiera. ¡Dijeron que o paraban o no les pagaban! [risas]. Ésa fue mi primera experiencia con el blues en España.

La otra, yo estaba acompañando al cantante Mike Kennedy, de los Bravos. Dijimos: “joder, ¿por qué no montamos temas de blues, y más que blues de blues power -blues y rock- y hacemos cosas aparte?” Montamos un grupo que se llamaba La Apisonadora y era super potente. Fuimos a tocar a Castelldefels en una discoteca y era rollo bailable también. A los diez segundos empezaron a caer monedas y ahí se terminó. No llegamos ni a tocar un tema entero. Esos son los contactos primeros que tuve con el blues aquí. Desastroso. Sin embargo, en el año 73 con Días de Blues llenamos el Teatro Solís en Montevideo, que es como un teatro de música clásica.

¿Cómo se explica esa diferencia entre Uruguay y España?

Bueno, el Río de la Plata siempre fue muy bluesero, no se por qué. Siempre he tratado de buscar una explicación y quizás venga un poco de que nuestros ritmos parten del tres, de tresillos. El tango es tresillo; es un dos por cuatro pero atresillado. Luego, todo lo que es el folclore es tresillo o seis por ocho y el blues es atresillado. En el momento que nos ponemos a hacer blues, puede ser muy fácil porque estamos dentro de una cadencia rítmica que nos es común. Pienso que puede ser que sea eso y luego es como que hay bastante afición, a la gente le gusta el blues. Sin embargo, cuando llegué aquí no había nadie, era muy poco gente la que decía que le interesaba el blues o que le gustaba el blues. No encuentro una explicación lógica, y más España estando tan cerca de Inglaterra, Alemania… que estaba lleno de negros de cuando la guerra. Cuando empecé a ir a La Coquette, estaba lleno de negros que eran de la base de torrejón que se venían a escuchar blues.

¿A qué grupos recuerdas como pioneros?

Estando en Barcelona tuve la suerte de tocar con Enrique Herrera y Emilio Baleriola. Enrique Herrera fue el formador del grupo catalán Máquina, que era una banda bluesera, tanto en formato pequeño como luego también para algunas actuaciones y tenia la sección de metales y todo lo demás. Fue una gran banda de blues. En Barcelona y Cataluña tuvieron muchísima influencia, y yo tuve la suerte de que el bajista de jazz Carlos Benavent que se iba a la mili y entré a tocar el bajo con ellos.

¿Cómo fue tu llegada a Madrid?

Yo llego aquí a Madrid en el 76-77 y hasta el ochenta y pocos no hay nada de blues. Era el renacer de la democracia y entonces primaban otras cosas, otras alegrías. Por un lado estaba el rock andaluz que era muy fuerte, del cual yo pertenecí al grupo Azahar y luego estaba la movida del rock, y la movida madrileña. Dentro del rock estaba Asfalto, Coz, Leño, Cucharada… Y luego ya venía el pop de la movida madrileña, pero estaba todo muy mezclado. Aunque haya triunfado la movida madrileña más que los grupos de rock estaba casi todo mezclado.

Ensayábamos en locales de ensayos como Tablada 25 y ahí estábamos todos juntos. Nos tomábamos la copa juntos o la cervecita o nos hacíamos los chistes y demás. En un montón de festivales iba gente de la movida y gente roquera en el mismo paquete mezclado. Hombre, nosotros lo veíamos como algo comercial quizás porque éramos más mayores que ellos. Ya veníamos corriendo hacía un rato y ellos empezaban así que era lógico. Como para cualquiera que empieza es lógico que tú lo veas un poco inferior a nivel técnico. Pero tenían alegría, por lo menos tenían alegría y tenían ganas de hacer cosas.

Para mí lo importantísimo es que hacían música en castellano, que para mí es fundamental. Yo sigo pensando que el blues aquí habría que hacerlo en castellano. De hecho, mis blues son todos en castellano. No canto en inglés, jamás pienso en inglés. Pienso en castellano, que es mi lengua y es a quien me dirijo. Es tu propio sentimiento. Es el sentimiento más profundo que puedas tener es el castellano. Lo llevas dentro, has nacido con eso, es tu blues.

De acuerdo con Flaco, él y Tonky coincidieron en “Colectivo de blues”, una banda sin integrantes fijos que aglutinó el interés inicial por el blues (foto: Flaco Barral)

¿Cuáles recuerdas como las primeras experiencias de blues en Madrid?

A la primera que hacíamos para disfrutar la llamábamos “Colectivo de blues”, no había integrantes fijos. Como no había ningún sitio para tocar blues, ni siquiera todavía había abierto la Coquette, lo que hacíamos era buscar un sitio donde tocar y ni siquiera cobrábamos. Lo único que pedíamos era barra libre y tocábamos gratis. Había tres bajistas, cinco o seis guitarristas, el violinista de la banda, teclistas… “Tal día hay que tocar, “¿quién puede? Teníamos unos 20-25 temas en común, ensayábamos un poco antes e íbamos a tocar. Eso fue lo que aglutinó a un montón de gente que le gustaba el blues antes de empezar la movida del blues.

¿Qué papel jugó La Coquette?

Totalmente, es la madre del cordero. Si no hubiera existido La Coquette quizás el blues aquí en Madrid no hubiera subido tanto. Tonky [de la Peña], Ñaco [Goñi] y toda esa gente nacieron en La Coquette, aunque hayan tocado en otros sitios. Tocaban mucho y su público, el bluesero, iba ahí. No te olvides que son tres días a la semana que se toca ahí y eso, parece que no, pero crea una continuidad.

Al tener tres días puedes invitar también gente a tocar contigo. Puedes tener invitados. Es muy distinto dar un concierto que tú vas, das un concierto y casi no invitas a nadie porque es tu concierto. Tienes ese momento para mostrar y nada más. Ahí como son tres días si no es el primero, es el segundo o el tercero siempre invitas a alguien y encima dos pases. Tienes tiempo y es algo más relajado.

Cartel 'Colectivo de Blues', de cuando decir blues apestaba (Flaco Barral)

Cartel ‘Colectivo de Blues’, de cuando decir blues apestaba (Flaco Barral)

¿Y los sellos Cambayá y Gaztelupeko Hotsak?

Las dos han ayudado muchísimo. En su momento Cambayá fue otra madre del cordero porque si no tenías discos… Hoy día es más una cuestión de hacerte tu propia producción. O te haces la producción musical y luego vas y tratas de llegar a un acuerdo con una compañía, como el caso de la compañía vasca. Vas y le das el disco, cada uno se lleva lo suyo y ya está. Pero ellos no arriesgan 100%. Tú le tienes que llevar el producto. Ellos no es que te pillen de artista y te graben. Ya no se arriesga.

¿Qué relación has tenido con compañías discográficas?

Hombre, yo he tenido una relación pero, de cualquier manera, tú vas por un camino de sentimiento y musicalidad y ellos están vendiendo churros. Es tratar de encajar eso, pero es muy difícil porque es otra película. Ellos están vendiendo algo y les da lo mismo. Además, siempre te pasa lo mismo; entras por la puerta principal con una alfombra y, normalmente, sales por la puerta de servicio, a no ser que vendas millones de disco, y nuestro caso no es ese. Somos un poquillo underground y entonces siempre sales por la de servicio… [Risas]

No conozco casas de discos que quieran grabar blues. Aquí en Madrid no hay ninguna, que yo sepa. Bueno, solamente al [Javier] Vargas y cosas de estas. Han tenido suerte y quizás él se ha sabido rodear de otras historias, de gente extranjera, de cosas por el estilo, para que crezca por otro lado también. Muy inteligentemente. Yo admiro su labor y no sé como lo hace. Creo que el 90% de los blueseros no sirve para eso, para tener esa manera de llevar una historia.

¿Cómo recuerdas tu estapa con Manzanares Delta [Fede Aguado; Osi Martínez; Flaco Barral; José Manuel Torrego]?

Albert [Inauen] de La Coquette no quería contratarnos porque cantábamos temas en castellano. Al final accedió y luego se dio cuenta de que tiene la misma calidad. Si tú respetas el estilo -importantísimo el respeto- vas a sacar lo máximo que tengas y todo lo que has aprendido dentro del blues vas a tratar de exponerlo con lo tuyo, pero bajo el respeto. SI no le tienes respeto, da lo mismo lo que hagas. Si no tienes respeto en hacer pachanga vas a hacer muy mala pachanga.

Tratábamos de hacer lo divertido del blues. Entre medias de cada tema, por ejemplo, teníamos sketch, tonterías… Pero tonterías que a veces salía una tontería nueva, nos empezábamos a reír y no podíamos empezar el tema siguiente porque no estaba en el guión y nos sorprendía a todos. Fue una época divertidísima  y luego pienso que el grupo realmente tenía una calidad muy buena. Sonaba precioso.

¿Cómo es tu relación actual con el grupo?

Nos admiramos como personas y nos admiramos musicalmente. Pienso que Fede [Aguado] es el mejor cantante en castellano que hay, diría casi, en España, y creo que no me equivoco. José Manuel [Torrego] es el mejor batería percusionista que puede haber en este momento. Con los dos siempre he tenido algo muy especial, de hecho los tres somos capricornio. Yo siempre fui un defensor del blues en castellano y mí la relación con Fede ha sido siempre esa: la de dos zumbaos que les gusta el blues en castellano; pensamos que blues en castellano es la línea más directa para que se comprenda lo que queremos decir.

Creo que el blues daría un salto cualitativo como pasó en Uruguay y en Argentina. Nosotros, tanto Días de Blues como Manal en mi época, éramos grupos de masas. Hoy día acabo de grabar la voz para un disco de una gente de Uruguay de un grupo que hace una versión de Días de Blues del año 72. Con eso te digo todo, se siguen escuchando, se siguen colgando temas de gente haciendo temas de Días de Blues y eso quiere decir que tuvo muchísima influencia. Nosotros, tanto días de blues como Manal, no hicimos nunca ninguna sola versión de nadie.

También formaste parte de Ñaco Goñi y los Bluescavidas, con quien grabaste Nada que perder (2003) con la colaboración de Raimundo Amador…

Primero que tocar con Ñaco [Goñi] es cojonudo. Luego yo me llevaba bien con los tres, tanto con Armando [Marcé], Ñaco [Goñi] y Kapo [Albuquerque]. Lo bueno es que además de estar en cantidad de festivales, recorriendo toda España ahí se sacaron temas en castellano, mitad y mitad más o menos. También se tocó con gente americana. Y además que pudimos hacer lo de Raimundo [Amador] que para nosotros fue una experiencia cojonuda.
Yo a Raimundo lo conocía desde el año 76 más o menos, cuando fui a tocar con Hilario Camacho a un sitio que se llamaba Heliotrón en Sevilla. Nos fuimos viendo en diferentes años y en una vuelta que vino por aquí a tocar y apareció por La Boca del Lobo, donde yo estaba acompañando a un inglés, le invité a tocar y luego lo dije: “Oye, si te apetece hacer blues…” y dijo: “Sí, sí, claro.”

Entonces hicimos esta historia de juntarnos con él principalmente para festivales. Fue una experiencia cojonuda porque él te da otro aire, lleva el blues de otra manera. Yo creo que lleva el blues hispano metido en el cuerpo. De hecho, [Raimundo Amador] canta en castellano y me reafirma más en que las cosas dichas y hechas en tu idioma llegan bastante más. Con nosotros tocaba “El blues de los niños” y ese tipo de temas que son cojonudos, son la hostia.

¿Cómo ves el panorama actual del blues en Madrid?

Creo que poco a poco ha ido creciendo. De no haber absolutamente nada hoy día se cuenta con cantidad de grupos de blues y cantidad de gente joven que está haciendo sus primeros pinillos dentro del blues. Pienso que hay gente por ahí muy válida. Eso a nivel musical en sí, vamos a llamarle. Lo que se trata del instrumento, de la propuesta musical. Sinceramente y con todo respeto a lo que están haciendo, creo que falta el arriesgar. Me parece que si todos se van a poner a hacer los mismos temas llega un momento de aburrimiento.

Si yo entro a un bar -ponle a La Coquette- una semana y me encuentro a un grupo tocando “Mojo” y a la otra semana entro y hay un grupo tocando lo mismo, o “Sweet Home Chicago” y cosas así continuamente… Si esa es la propuesta de todos los grupos, va a terminar cayéndose. Principalmente la gente nueva no va a tener sitio dentro del panorama. No puedes estar haciendo lo mismo. Yo pienso que hay que arriesgar un poco más y crear. La creación es la madre de todo esto. No puedes copiar toda la vida, hay que crear. La música de los 60 sirvió tanto para nosotros gracias a que era muy creativa. John Mayall, Cream, Hendrix… aunque hacían de vez en cuando alguna versión de algo, el 80% de su disco, de su muestra, era creación propia. Pienso que ahí está realmente.

Si esto quiere avanzar, si quiere tener una identidad, ahí está. Porque si no esto es copia de aquello, de lo que ya se hizo. Si realmente hay una identidad es la creación. Lo digo con el máximo respeto a todo, pero creo que está por ahí.

¿Cómo ves las restricciones de volumen en los locales?

El volumen es un problema de vecinos. Los vecinos se quejan y entonces si no bajas el volumen al final te terminan cerrando el bar y metiéndole una multa al bar. Hay muchos bares que sé que se escudan en eso para que tu toques bajito y no tener absolutamente ningún problema aunque no tengan ningún problema. Pero no crear el problema porque una vez que creas el problema te van a venir cincuenta a veces a decirte que está alto, aunque no esté alto. Hay un vecino tocapelotas, entonces ya con la mínima el vecino va a venir a tocarte las pelotas. Es un problema de volumen porque no olvidemos que en España se actúa tarde, que no es el caso del resto de Europa. En el resto de Europa se toca temprano, a las 8 o las 9. Entonces no molestas a los vecinos, estás dentro de un horario que hasta las 10 de la noche se te permite un volumen superior.

Aquí en España siempre empezamos a partir de las 10, a las 10.30 -11. Quiere decir que ya molesta. Ése es un problema que siempre vamos a tener en todos los sitios. Hay que acostumbrarse a tocar bajito lo que pasa que, claro, tú tienes un grupo tirando a blues power y ya la hemos cagao. No suena, no tiene sangre y terminas haciéndolo light y cuando sales a algún sitio donde puedes tocar fuerte, pues tocas fuerte. Creo que ese problema lo vamos a seguir teniendo mientras no cambien los horarios de actuación. Y quizás hasta cambiándolos ya están acostumbrados a decirte que bajes el volumen.

La imposición de temas y temática… eso es una oposición gilipollesca y tonta del culo que no sabe ni lo que dice. Lo siento mucho, no tienen ni puta idea. En el caso de Amar Sundy, por ejemplo, yo sé que su blues arabesco a la gente le encanta. Es algo distinto, es un aire nuevo. En cuanto a La Coquette, tiene que ser blues blues. Tengo que agradecer a Albert [Inauen] que, de vez en cuando, por la cantidad de años que llevo tocando ahí, me permite algunas tonterías de las mías, de hacer un raga blues o algo por el estilo. Pero a él le gusta que sea bluesero -lo más bluesero posible- porque así ha mantenido su bar y lo respeto. Lo que pasa es que hay veces que un aire nuevo tampoco viene mal.

“¿Blues quién eres tú?”

¿Crees que el blues debe seguir considerándose música negra?

Hoy día no, ya está todo mezclado. Es parte de la globalización. Estamos tan cerca de todo, de cualquier tipo de información y hasta de los artistas que puedes hasta escribirles a un montón de artistas y se vienen por aquí a tocar. O sea, tú les montas la historia y les acompañas. Hoy día ya pienso que no, que si te gusta un estilo y le tienes respeto al estilo, lo desarrollas y es parte tuya, aunque no hayas nacido en un barrio negro, o hayas recogido algodón. Tú eres blanco pero te gusta la esencia negra. Entonces adoptas parte de esa esencia, aunque evidentemente yo siempre pienso que nunca vas a llegar a ellos. Ni a la suela del zapato.

Eso es lo mismo que el flamenco. Si lo oigo en Japón, lo siento mucho, por más que haga lo que sea por sentir eso, no lo estoy sintiendo desde dentro, desde donde se gesta todo ese tipo de música que surgió en España, en Andalucía principalmente. Si no has nacido en Chicago o en Louisiana, y estás en el quinto carajo, es muy difícil tener toda esa esencia que envuelve al blues, principalmente al blues antiguo. El de hoy es otra cosa. Es más mezclado, hay mucho blanco metido entremedias, y mucho negro que no tiene absolutamente nada que ver, ni siquiera con lo negro; que ha nacido en otro tipo de familia, tranquila que no tiene problemas y, sin embargo, le gusta el blues.

Creo que estamos en una evolución de todas las músicas del mundo y de mezcla. Hay muy poco puro. De cualquier manera, el negro es el negro. Yo he tocado con negros y me dí cuenta de que no le llego a nada, ni la mínima suela del zapato puedo yo llegar a tener lo que tienen ellos. Es otra cosa. Hablan de otra manera, caminan de otra manera y sienten de otra manera. Imposible vamos. Les admiro muchísimo pero jamás llegaré a eso.

¿Cómo ves el conflicto que a veces surge entre virtuosismo y blues?

Para mí el blues no es de virtuosos, el blues es un sentimiento. Entonces el virtuosismo no tiene nada que ver con el blues. Puedes hacer blues con una nota sola. Si quieres expresar algo, lo expresas y ya está. Entonces creo que el virtuosismo está fuera totalmente del blues. Lo que pasa que… ¿qué es blues y qué no es blues? Si el blues es un sentimiento puedes llevarlo para donde tú quieras. Yo, por ejemplo, no soy un bluesero pureta. A mí me gusta mezclarlo. De hecho, en estos momentos, aparte del trío que tengo que son temas propios, tengo otra historia que se llama Raga & Blues que es música india y blues mezclado.

Entonces, ¿qué es para ti el blues?

Primero, haciendo el blues me siento libre. Yo me pongo con cualquiera a hacer un blues y es como que entro en un estado diferente a cuando tengo que hacer algo muy estricto. Hay más libertad y no solamente por libertad de ejecución sino que es como que automáticamente entras en un estado de más amplitud… vuelas. Aunque eso también me pasa con otros tipos de música. Pero el blues es uno de los que me encuentro más libre. Cuando musicalmente es un trío, normalmente bajo, batería y guitarra, ahí es donde me siento más libre. Yo creo que es eso, expresión.

Flaco subraya la importancia de la libertad, la mezlca y el respeto en la expresión musical (foto: Flaco Barral)

Creo que sí. Creo que hay ingredientes necesarios pero no te lo sabría explicar exactamente. Pero creo que tienes que tener algo especial. Yo he visto buenísimos músicos que se han puesto a tocar blues y eran una patata. No saben tocar blues, no tienen ni puta idea de lo que es el blues. Creo que es una cuestión de expresión interna, creo que es algo que está que hace “clink” y ya estás tocando en una situación especial. He visto músicos muy buenos y músicos diciendo: “ah blues… ¿tres acordes?” Y tres acordes, tío, es dificilísimo. Es igual de difícil que un acorde, como John Lee Hooker. Yo nunca podría tocar, jamás, como John Lee Hooker. Porque es un cabrón, con un acorde solo te hace el mundo. Es dificilísimo con un acorde todo el rato fabricar una película.

Para mí es igual de difícil tres acordes, un acorde o cinco acordes. Es siempre una actitud diferente. El blues tiene una actitud diferente. No es fácil tocar el blues, no digo tampoco que sea difícil, sino que es algo interno. No es una cuestión de inteligencia, creo que va un poquito por lo del sentimiento, lo que te brota. Debe ser parecido al flamenco y esas músicas donde hay algo que te eleva, que te sale como un vómito.

¿Qué es lo auténtico del blues?

Si haces blues haces blues y ya está. Auténtico le llaman a que tienes que seguir ciertos cánones dentro del blues. Yo no los sigo. Si es una cuestión de voz dentro del blues soy libre total, hasta para meter notas que no son blueseras pero que son mis sentimientos. El blues es sentimiento.  La autenticidad es si tú tienes respeto hacia lo que estás haciendo, respeto a ti mismo. Ahora, si lo que haces es copiar a otros y tú te crees que eso es autenticidad la hemos cagado. La autenticidad está dentro tuyo.

¿Existe la originalidad en el blues? ¿Se puede ser original?

Claro que se puede original. Hay un montón de artistas que tienen su sello propio dentro del blues. ¿Qué tiene que ver BB King con Muddy Waters? Es que hay miles de artistas dentro del blues que tienen su sello propio y hay otros que han copiado el sello. Pero son todos distintos. Encima algunos de ellos son mezcla como Albert Collins y Albert King que son más mezclas con funky… No son los auténticos puretas del blues, se han salido un poco y, sin embargo, nosotros los consideramos super  blueseros. En las épocas de los cuarenta y cincuenta lo mezclaron con calypso porque se había introducido dentro de la sociedad negra de EE.UU. Los mismos negros lo vieron como un aire nuevo, pillaron el calypso lo mezclaron con el blues y hoy a esos artistas les estamos diciendo que son blueseros. Pero si yo voy y lo mezclo con calypso de repente van y me dicen: “eso no es blues, tío”. ¿Quién son para decir qué es blues qué no es blues?

El tema que he sacado, “Perro Flaco, es una mezcla de música árabe con blues. Yo siempre trato de darle la vuelta a la tortilla. He bebido de muchas músicas y no puedo decir “dentro de mi cuerpo esta parte que he aprendido la quito”, y me quedo solamente con el blues para hacer el tema. ¡Eso es una locura! Eso es que yo mismo me estoy autocensurando y de eso nada. Lo que yo hago son las cosas que he aprendido…Viviendo en Menorca me veía todos los programas de Marruecos con la percusión. Si eso está dentro de mí, y encima tengo miles de temas árabes y de música hindú, ¿cómo me lo voy a borrar de la cabeza? Es imposible. No tengo una papelera para borrar esa información, siguen estando dentro de mi cerebro.

¿Cómo ves la posibilidad de vivir de la música?

Siempre he vivido de la música. Me vine a España porque quería vivir de la música porque en mi país somos tres millones de habitantes y con tres millones de habitantes no haces nada. Haces cinco bares y se te termina el circuito, y más en mi época. Me vine a Europa para eso y lo logré. Terminé viviendo solo de la música en todas sus ramas. Porque la música no es solamente directo sino eso que he hecho yo de tener un estudio de grabación, producción, hacerle temas a la gente… La música es muy amplia, luego ya lo que quieras tu dedicarte o exponer es otra historia arriba de un escenario. Normalmente aquí el 80% de la gente metida en la escena de blues da clases de su instrumento y con eso tiene un permanente de dinero. Normalmente es clases y tocar.

¿Qué se puede esperar del blues? Hoy día está la autoproducción. Funciona todo a nivel de autoproducción, el 90%. Pienso que hay que crear. Para mí la llave para que esto vaya más arriba es la creación como vínculo hacia el público.

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