Stevie Zee: “Los puristas me critican por tocar con efectos pero, ¿critican a un pintor por utilizar una combinación de colores?”

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Texto: JOSEP PEDRO

El guitarrista y cantante Stevie Zee pertenece a ese grupo de músicos que, al erosionar sus límites, complican la unidad de géneros y escenas musicales. Este músico viajero con raíces españolas, vida londinense y aventuras norteamericanas ha abarcado tanta música y escuela guitarrística que, por momentos, duda de si es posible hallarse en varios lugares musicales al mismo tiempo. Cómodo en distintas situaciones –desde su proyecto con el armonicista Ñaco Goñi a sus tributos a Led Zeppelin o Deep Purple, pasando por su vertiente funky-–, Zee representa al guitarrista explorador del mástil. Uno que aprehendió el blues y el rock prácticamente al mismo tiempo de la mano de sus admirados Clapton, Page, Hendrix, Beck; que descubrió la raíz bluesera de T-Bone Walker, Muddy Waters y Robert Johnson; y que se aventuró a los terrenos de la fusión progresiva vía George Benson, Larry Carlton y Robben Ford.

Telonero de referentes como Johnny Winter y John Mayall, Stevie Zee recuerda también la alargada sombra de Stevie Ray Vaughan, presente en su nombre, en su interpretación (que incluye “Cold Shot”) y en su sombrero. Pero aunque resulte relativamente sencillo trazar algunas de sus principales influencias, sobre todo las que unen o separan el blues y el rock, Zee persigue su propia personalidad musical, que indaga a partir del estudio de la música y de su carácter inquieto e idealista. El resultado es una inusual y, para algunos, contradictoria combinación de uno y otro campo: un autodefinido bluesman versátil y virtuoso, un guitar hero que exprime el potencial de la guitarra acústica ante la prohibición de tocar la eléctrica por restricciones de volumen, pero que escucha e intercambia frases jugando a la llamada y respuesta. Stevie Zee es un frontman con muchos trucos, que busca conectar con el público y pide respeto para los suyos. Un músico que, tras más de una década residiendo en Madrid, sabe que su principal ventaja puede ser también su principal fuente de conflicto.

Los inicios

¿Dónde naciste y cómo conociste España?

Nací en el sur de Londres de padre inglés y madre española –-de Valladolid–- que se marchó a Inglaterra en busca de mejor trabajo como enfermera. Conoció a mi padre que era enfermero, se enamoraron y yo fui el primera fruto de esa relación. Así que yo crecí en Inglaterra y es una juventud distinta que la de aquí. Yo, por visitar a mis familiares en Valladolid cada verano, descubrí otro mundo, el mundo de España en los años 60. Interesante, ¡eh! Era en la época de Franco. Es increíble que yo viviendo en Londres, donde tuve una muy buena educación, tuviera la oportunidad de descubrir Castilla y León.

Muchas de la zonas estaban como en estado original… pueblos sin electricidad ni agua corriente, olvídate del televisor. A veces había un bar con una televisión donde quedaba la gente. Me acuerdo de la simplicidad de la vida de entonces, genial. Me quedaba también con algo de romance por visitar un país tan… casi salvaje si quieres, o por lo menos un país donde había ruinas de castillos. Aunque también hay en Inglaterra, pero para mí España, siendo tan joven, tenía un ambiente muy especial que se ha quedado conmigo desde entonces.

¿Cuándo empezaste a tocar?

Básicamente porque todos somos muy impresionables cuando somos muy jóvenes. Vi grupos en la tele y mi padre me regaló unos singles que había comprado de segunda mano y un tocadiscos. Me entretenía escuchando esos discos tantas veces que me dejaron huella. Había discos de los Beatles, el “Paranoid ” de Black Sabbath, “Burlesque” de Family y cuatro o cinco discos de Fleetwood Mac que me impresionaron más que los otros. Esa guitarra de Peter Green, tan bluesera y apasionante. Los temas fueron “Oh Well”, “Man of the World”…

Básicamente, al llegar a mi cumpleaños había visto a esos tíos con el pelo largo en la tele y se lo estaban pasando dabuti [risas]. Es como un chico que ve un astronauta de camino a la luna y dice: “¡Guau, eso es lo que quiero hacer yo!” Estos estaban creando un ambiente increíble de actuación, espectáculo, música y vibración. Es como entrar en un sueño, un momento tan especial en que nos abraza la música. Y ¿quién controla la música, la armonía y el ritmo? Los músicos, así que yo quería ser músico.

¿De qué manera aprendiste a tocar?

Mis padres me compraron una guitarra española. Quería una eléctrica pero no querían arriesgar, así que invirtieron en una española para ver si la trataba en serio. Empecé a escuchar el rock de esa época: Led Zeppelin Deep Purple, Status Quo… Y no entendía entonces, –ahora perfectamente–, cómo el blues tradicional había influenciado a esos grupos. El blues me estaba llegando a través de esos grupos. Fue una época en la que los músicos estaban también experimentando con los efectos, la amplificación… un sonido que había evolucionado desde el blues pero que exploraba más en la composición. Tocaban blues de doce compases pero también estaban experimentando con otras secuencias y otro tipo de armonía, mezclando rhythm & blues con la música pop, folk, soul, funk…

¿Cuáles han sido tus principales influencias?

Puedo contar una larga lista de guitarristas que me han influenciado pero no son todos de blues tradicional, al contrario. Me acuerdo de Ritchie Blackmore y Jimi Hendrix, también Jimmy Page, Eric Clapton… y pasando por una etapa de soul/funk. El funk/soul lleva cambios que vienen del jazz pero mezclado con sensibilidad de blues. Por ejemplo, escuchando un blues del guitarrista de Earth, Wind & Fire me di cuenta de que sonaba como un solo de un guitarrista de blues tradicional. El papel de la guitarra tiene mucho que ver con la evolución del rhythm & blues.

Después de esos guitarristas que dicen que son guitarristas de rock, que llevaron el blues en una nueva dirección más progresiva, explorando armonía más allá de lo que hacía T-Bone Walker o Robert Johnson, empecé a escuchar a guitarristas fusioneros como George Benson, Larry Carlton… Hay guitarristas como Robben Ford, que yo le veo como un fusionero. Mezcla algo de la simplicidad e impacto directo del blues pero con algo del fraseo y armonía de jazz. Toca bastante fuera de lo tradicional del blues.

En los años ochenta, como todos, estaba escuchando a Angus Young, Eddie Van Halen, [Joe] Satriani, también salió Gary Moore. Después de conocerle y comprar sus discos como roquero, él quería volver a sus raíces y sacó el Still Got The Blues [Virgin, 1990], que tuvo un éxito increíble. Yo también, como él, he vuelto a mis raíces. Es decir, he decidido volver a tocar el blues y reconectar con las raíces de la música que empecé a escuchar.

Por no haberme enterado al principio de Howlin’ Wolf sino de Led Zeppelin -que me llegó antes- muchos aprendimos luego de donde sale la música, que parece original pero no lo es tanto, que tiene una deuda con los que tocaban y creaban antes.

Blues, ¿quién eres tú?

Grupos de los que has mencionado como Led Zeppelin mezclaron el blues con el folk o el hard rock…

Los puristas me critican por tocar con efectos. Por eso dicen que Jimi Hendrix no era un gran bluesman, porque tocaba con efectos. Pero me parece que un efecto es como un color para un pintor… ¿Critican a un pintor por utilizar una combinación de colores?

¿Consideras que tienes una visión abierta del blues?

Desde mis comienzos, no soy tradicionalista. Veo cada día cómo el blues ha sido responsable de casi toda la música que existe hoy: la música popular que hemos escuchado desde los Beatles, Rolling Stones, Elvis Presley hasta grupos contemporáneos pasando por Deep Purple, Jimmi Hendrix, Led Zeppelin, los Allman Brothers y más recientemente [Eddie] Van Halen o Joe Satriani… Satriani es un guitarrista cuyas sensibilidades me recuerdan mucho al estilo que tienen los guitarristas de blues. Su forma de hacer el bending, su tacto. Pero es simplemente un guitarrista que ha estudiado la armonía. Pero eso es algo que a veces está prohibido en el mundo del blues. ¿Has estudiado la armonía? Sabes demasiado de la música para tocar blues. ¡Pero de eso nada!

Lo que importa es transmitir emoción y pasión, espontaneidad, ideas… B.B. King toca más con menos pero una nota dice mucho porque una nota lleva toda la emoción, las experiencias de una persona que ha dado tantas vueltas, y ha visto muchas cosas. Es algo que al final no podemos cuantificar. Los artistas más grandes no necesitan la técnica como tal sino la experiencia para llenar cada nota con lo que haga falta. Para transmitir algo más fundamental  que simplemente impresionar con técnica y velocidad.

¿Cómo te ha afectado esta amplitud de miras?

El blues es una forma de expresión. Pero en el momento en que intentamos diversificarnos demasiado pagamos un precio. Yo creo que he pagado un precio por ser aficionado y quedar encantado con tantas formas de música y no concentrarme en ser un guitarrista de blues como tal y dejar el resto fuera. Me intento beneficiar de lo que me está transmitiendo el artista y nada más. Y si eso sale bien yo salgo como  un guitarrista que diversifica su forma de tocar blues. Un bluesman, tal vez versátil, con muchas influencias. Pero eso es inevitable, estamos en 2012. Pero tenemos algo en común, el feeling, las emociones, el triunfo, la tragedia.

¿Qué es para ti el blues?

Es una de las cosas más difíciles de contestar, de describir, de desarrollar… El blues es muchas cosas. Por ejemplo, Woody Guthrie dijo que es un hombre que se siente mal, maltratado, no entendido, sin poder hacer lo que le sale del corazón. Una persona que tiene que luchar contra la pobreza, la mala suerte o la tragedia, pero que en eso encuentra momentos de estar como en el cielo. A pesar de los tiempos difíciles que tenemos que aguantar lo hacemos porque hay momentos de pura alegría, inspiración. Es como volar… la música te da alas.

El blues también es algo que sale de unas tradiciones. Tiene sus raíces en la música negra de los EE.UU., pero desde entonces se ha diversificado muchísimo y tenemos que reconocerlo. A veces digo que el blues tiene su idioma, su vocabulario, que es en inglés. Pero hemos visto como el blues se extiende a aquellos que cantan en español, alemán o francés. Yo creo que el feeling de la música y de la improvisación supera el problema de cantar en un idioma, que algunos no van a entender. Casi siempre que estoy tocando hay un porcentaje de público que no me entende porque canto en inglés.  No entiende la letra ni mucho menos la ambigüedad, el juego de palabras o el vocabulario que estoy utilizando. Hay palabras que tienen un sonido que mola tanto que volvemos a utilizarlas porque tienen musicalidad. Pero en la base tenemos un desarrollo musical que es universal.

¿Podrías poner algún ejemplo de ese tipo de palabras?

Palabras como el “mojo”. No es solo una palabra inventada por Muddy Waters, tiene un significado. Si vas a cantar “mojo” –y yo he incluido esa palabra en algún tema mío-– es porque entiendes su significado en un sentido amplio. “Baby” es otra palabra que tiene un sonido que mola cuando estás improvisando o cantando. La palabra “love” tiene también su propio sonido y no suena como “amor” en español, que son dos sílabas. No puedes cantarlo igual. Cada palabra tiene su tratamiento, su forma de sonar. Son detalles que muestran la diferencia entre un idioma más tradicional y otro idioma basado en la inspiración. Siempre hay dolor en hacer el cambio, en esa transición para intentar acomodar un nuevo idioma y forma de letra.

¿Hay unos ingredientes necesarios para tocar blues?

Dedicación al instrumento, buscar una forma de poder improvisar con tu instrumento. El blues es del momento. La música en general, y para mí el blues en particular, refleja la dinámica de la vida, nuestras vidas humanas. Me gusta el impacto directo del blues. Es como el jazz pero con un tratamiento armónico más sencillo. Es decir, los jazzeros juegan con más notas, más variaciones y combinaciones. Los de blues –tal vez el mejor ejemplo sea B.B. King– dicen mucho más con mucho menos. Es encajar más emoción y experiencia en unas pocas notas. Dedicación, paciencia, pasión, experiencia… Es importante vivir y querer expresar algo al resto del mundo.

En la música encontramos un refugio para nosotros mismos. Cuando yo cojo una guitarra en solitario encuentro un refugio para mí donde puedo disfrutar con la vibración, la armonía, el ritmo. Luego lo trasladamos a un escenario donde podemos compartirlo con el público. Para tocar el blues hay que vivir un poco, ver alegría tristeza, éxtasis, dolor… e intentar llevar esto con la música, y decírselo a la gente. La música da una oportunidad al artista de devolver al público algo de su propia humanidad. Cuando escuchamos música nos identificamos con ella. Oímos alegría, pasión, dolor… Nos identificamos con la letra y lo que el público quiere de un artista es que les dé la confianza de creer en él, de realizar su fe en los buenos aspectos de la humanidad. Es decir, el arte, la creatividad, la positividad…

En la música encontramos un reflejo de lo que somos realmente. Cada día me interesa menos la música en el contexto de lo comercial, donde se utiliza al músico de forma controladora. El dinero es solo un medio que tarde o temprano vamos a dejar. La música nos toca literalmente, pasa por nuestros cuerpos.

¿Qué es lo auténtico del blues?

Yo no soy Muddy Waters, no soy Stevie Ray Vaughan, ni Jimi Hendrix, ni Robert Johnson… Soy parte de las nuevas generaciones, de los que llevan la pasión y la creatividad por la música y por esta forma de expresión. Quería ser un guitarrista de rhythm & blues, o de rock ‘n’ roll.

¿Se puede ser original en el blues?

Es uno de los temas que más me han jodido durante muchos años. La ilusión que tenemos muchos es ser original, hacer algo que nunca haya sido desarrollado o que nadie lo haya expresado de esa forma. La verdad es que, desde un punto de vista, no existe la originalidad. Casi no hay combinación de notas que alguien no haya desarrollado en la guitarra. Lo han hecho todo. Lo que podemos hacer es expresarnos individualmente desde nuestro punto de vista, sabiendo que todos somos seres humanos diferentes.

Seguimos una tradición y no es tan importante ser original como encontrar una forma de sentir. Lo más importante es sacar algo con feeling, con pasión, con sentimiento. No necesariamente hacer algo original… ¿Qué es original? ¿Hacer algo que ningún ser humano haya hecho? Lo que es original es el desarrollo, el arreglo de las ideas en una canción o en un grupo, ahí está la originalidad. Componer algo en que todas las partes son originales es imposible. Tengo que ir recopilando cosas que se han hecho antes para que cuando suba al escenario tener todo esto al alcance de mis dedos, que están conectados a algo más importante, mi alma.

¿Crees que hay un perfil determinado de gente a la que le gusta el blues?

No, el blues tiene muchas cualidades. Tiene cosas que te penetran, que te dejan pensando: “esto tiene algo especial, me hace pensar, quiero volver a escucharlo…”. He tocado blues para gente que normalmente no escucha blues y me han dicho que lo que tocamos les encanta: “me transmite…” Hay gente que no compra discos de blues pero sale y, aunque sea por casualidad, pasa por donde tocas esa noche. Haces tú show de música de blues, de improvisación, de dinámica –porque es espectáculo también–, y lo que descubres es que hay gente que se queda fascinada: “Esto es algo que no conozco bien pero la música me eleva los sentimientos… Esto tiene algo especial”.

Blues en España

¿Cuándo y por qué decidiste instalarte en Madrid?

Me fui a EE.UU. en busca de la fama y el éxito. En el 89 tocaba allí bastante. Tenía mi grupo, habíamos grabado el primer disco y había gente que quería promocionarlo. Pero tuve problemas con los federales por no haber arreglado mi estado de migración [visado]. Fue un rollo de papeleo y burocracia que tal vez no controlé muy bien. Me perdí el día del juicio y al final me echaron a la cárcel unos días. Me sacó mi manager. Teníamos muchos planes e intentamos cambiar la decisión del juicio pero tuve que volver a Inglaterra, volver a empezar de nuevo, y fue difícil. Subí el circuito en Inglaterra y luego empecé a tocar en el Café Populart (Madrid) con una sección rítmica y un guitarrista zurdo que me invitó, que se llama Fred PG. Fue él básicamente el responsable de que viniera, por tocar con él en el Populart. A los tres años o así decidí mudarme aquí y desde entonces he tocado por toda España.

Empecé a tocar en el Populart como visitante. El rollo allí es que tocas siete u ocho días y merece la pena porque puedes venir aquí, alojarte y pasarlo bien. Por lo menos, tenía la oportunidad de venir aquí y tocar para los españoles por primera vez. De algún modo podía volver a mis raíces, porque soy medio español. Nunca había aprendido a hablar español fluidamente aunque tuviera familia aquí. Decidí hacer un cambio y me mudé aquí en el año 2000. Por mi habilidad para tocar la guitarra tengo la oportunidad de entretener a la gente por todas partes del mundo. No vine aquí para tocar blues como tal. Para tocar rhythm & blues  debí haber vuelto a EE.UU., pero no lo hice. [Vine para] aprender español, disfrutar de mejor tiempo, descubrir más de lo que es la vida española… Solo lo había descubierto poco a poco y cuando era joven, y eso fue hace muchos años…

¿Qué relación has tenido con el guitarrista francés Fred PG?

Le conozco desde Londres. Cuando volví de EE.UU. y estaba buscándome la vida de nuevo en Inglaterra fui a una jam al Ain’t nothing but blues bar. Acabé tocando en ese garito muchísimas veces hasta que el dueño me echó después de una conversación en la que le pedí un poco más de dinero. Tocábamos el fin de semana hasta cinco horas. Decidió que no quería pagarme más así que me colgó el teléfono y yo lo dejé ahí. La verdad es que lo del dinero nos ha afectado bastante últimamente. El dinero que nos pagan a los músicos en general no ha subido en muchos años. Han subido los precios de las copas y de las entradas… Ahora estamos en crisis y no va a mejorar. Antes empeorará.

Fred estaba tocando en la jam y pocas veces me ha dejado tan impresionado un guitarrista. Le dije a Fred que me gustaba cómo tocaba y se acuerda porque desde entonces sabe que soy muy tacaño con los cumplidos. Unos meses después Fred había encontrado un contacto en el Populart y me llamó porque necesitaba un grupo. Formamos cuarteto y durante dos o tres años yo venía de Inglaterra para tocar con él. Salió muy bien y al final decidí mudarme a España, con ganas de un cambio de cultura, país, tiempoclima, idioma…

¿Cómo era la escena musical en Londres en comparación con Madrid?

La diferencia para empezar es que Londres es una ciudad mucho, mucho más grande. Madrid es una ciudad más compacta y en Londres te cuesta mucho más moverte. Para la música en directo, las cosas no son como estaban en los años 60 y 70. No hay tanta movida como antes, especialmente para el rhythm and blues. Hay un mundo de blues en Inglaterra, igual que en España. Los ingleses tienen una trayectoria de traducir el rhythm and blues: Eric Clapton, Jimmy Page, Peter Green, Jeff Beck… Pero Een Inglaterra cantan blues en inglés como los americanos, aquí [algunos músicos] cantan blues en castellano, algo que para mí más raro.

Nunca me he acostumbrado a cantar en español, así que ese es un rollo que dejo en las manos de los españoles que han sido tocados por el blues, como mis compañeros del mundo del blues español. Al final, dicen que es blues es un feeling, un sentimiento. También para mí es un estado, una forma de ser. Woody Guthrie dijo que el blues es un buen hombre sintiéndose mal, pasando por tiempos difíciles.

Para mí, a algunos grupos de rock españoles que he escuchado aquí les faltan las raíces del rhythm and blues. No tienen la referencia de blues que tenían Jimi Hendrix y Led Zeppelin. Son músicos que escuchaban solamente grupos del rock duro de los 80 o 90, en vez de rastrear más allá para ver cóomo en el rock que escuchaban se tocaban con riffs de guitarra que provenían de la forma de tocar blues.

¿Qué lugar ocupa el blues tradicional?

Bueno, el blues tradicional como Robert Johnson, Sonny Terry, Brownie McGhee, Leadbelly, etc. tiene cada vez más popularidad porque vamos cada año alejándonos de esas raíces y esa forma de tocar. Es más inusual encontrar a alguien que sabe y conoce ese estilo. Por todas las influencias que nos bombardean cada día se vuelve cada vez más difícil encontrar a los que literalmente llevan la antorcha del estilo tan puro, original de blues. Algunos lo hacen como John Hammond Jr. o Keb Mo’. En España, por ejemplo, los que se quedan más cerca de ese estilo original son gente como Xulián Freire. Yo mezclo mi blues con tantas otras cosas que he escuchado. A otros no les interesa tanto explorar el instrumento como tal porque hay técnicas que no las ven con relevancia para su forma de tocar blues. No tienes que estudiar tocar como Yngie Malmstein o Steve Vai para poder tocar como B.B. King…

¿Qué sabes de los primeros grupos que tocaron blues en Madrid?

Hay unos músicos que han sido los músicos del circuito y del mundo del blues en España desde hace veinte o treinta años. Gente como Ñaco Goñi, Tonky de la Peña, Fede Aguado… Yo soy el novato por aquí, el guiri. Pero en diez años he podido conocer a muchos y a algunos que tampoco son de aquí pero viven aquí y son muy buenos, como José Luis Pardo, que está más cerca de mi estilo. También está Francisco Simón con Red House y hay grupos como el de Quique [Gómez], Juan Scotch, Juan Bourbon y Juan Beer, muy graciosos. Están todos ellos por ahí. Hace tiempo había un grupo que se llamaban los Reyes del K.O que también han dejado su huella.

Háblame de tu relación con el armonicista Ñaco Goñi…

Le conocí en el mismo Populart hace muchos años, doce o trece. Alguien nos presentó, me dijo: “Este es Ñaco Goñi, toca muy bien la armónica…”. Le invité a subir y me dejó impresionado. Toca muy muy bien. Cuando me mudé a Madrid tenía otro proyecto pendiente, grabar un disco original mío. No lo hice. Terminé haciendo un disco  [Caballero (Blue Zee/Landcaster, 2004)]con temas originales y algunas versiones que estaba tocando en directo. Pensaba en tomar una dirección diferente a mi disco anterior que fue bastante guitarrero y blues- rock, así que decidí ir en una dirección más tradicional, e invitar a Ñaco a tocar la armónica en tres temas. Vino al estudio y desde entonces nos hemos conocido mejor.

No fue hasta hace cuatro o cinco años cuando Kapo [Albuquerque] –el cantante y guitarrista anterior [de Ñaco Goñi y los Bluescavidas]– empezó a hacer otros proyectos y no podía estar en todos los conciertos que tenían, así que empezaron a invitarme a sustituirle. Fue muy bien, desde luego. Cantar rhythm & blues y tocar la guitarra es lo que hago. Desde entonces, básicamente Kapo tomó la decisión de no seguir y ellos me han invitado a ser el guitarrista cantante. Hemos tocado mucho…

En el escenario Ñaco Goñi y tú soléis hacer juegos de llamada y respuesta…

Es como una conversación. Yo te digo algo y tú a veces utilizas una parte de mi frase para tu respuesta. Pero no repites siempre las mismas palabras. Es un intercambio que está ocurriendo todo el tiempo, desde el principio de la canción. A veces lo acentuamos en el solo cuando literalmente estamos intercambiando una frase. Es interesante porque muchas veces podemos mantener una conversación con frases diferentes.

Por otra parte, repetir las frases no es tener una conversación, es solo una muestra de cómo podemos coger una frase del aire y copiarla por nuestra habilidad y oído. Eso muchas veces es para impresionar a la gente, no necesariamente es una conversación. Lo hacemos a veces para enseñar el nivel de concentración y de talento. Es solo un ejemplo de la espontaneidad y la magia que tiene la música. Ninguna nota es original pero esas notas salen en ese momento, no en el pasado. Esa interacción es lo que nos mola porque así aprendemos cada vez más cómo somos. El arte es un reflejo de nuestra humanidad.

Ñaco Goñi me explicó que habías llegado a un punto de consenso en el que él ha endurecido un poco tus referencias y tú lo habías acercado más al blues tradicional…

Ñaco simplemente llama mi forma de tocar blues “más cañera”, como si fuera rock. He hecho un esfuerzo para explicarte por qué lo que toco yo no es rock como tal. Rock es solo una evolución del blues, del rhythm & blues. Por ejemplo, si toco esto… [toca un fraseo bluesero con la guitarra]… eso es blues. Pero si lo hago así… [toca un fraseo bluesero pero con un efecto de distorsión más agresivo]… de repente no es blues. Ha cambiado su naturaleza, su forma de ser, simplemente por cambiar el timbre, la ecualización, la saturación. La pregunta más importante que tengo para todos es: ¿dónde termina el blues y empieza el rock? Es el desafío que tengo para todos. Están todos mezclados.

Con la guitarra tenemos muchas oportunidades de diversificar con efectos. Con la armónica, entiendo que es un instrumento en el que manipulamos menos con los efectos. Tal vez, teniendo en cuenta mis influencias de rock progresivo, rock melódico, jazz y rock más duro, he dejado atrás bastantes cosas para tocar un estilo más tradicional con Ñaco. También él ha tomado un pase hacia el blues más cañero o blues rock que toco yo. Normalmente él no tocaría un tema como “La Grange” de ZZ Top entre sus temas. Lo hace porque simplemente es inclinarse más hacia un blues más cañero. Así que sí, tiene razón. Él se ha inclinado más hacia el rock y yo más hacia el blues tradicional, que forma una parte de lo que he tocado desde el principio.

Grabasteis juntos el disco Blues Reunion (Autoproducido, 2010) en el Beethoven Blues Bar…

El Beethoven ya no existe… Hacía ya tiempo que mucha gente después de los conciertos nos preguntaba si teníamos un disco juntos, así que decidimos que debíamos grabar uno disco con el repertorio que llevábamos en los directos. Lo grabamos en el Beethoven porque tampoco teníamos los fondos para grabar en un estudio profesional. También hay un aspecto de grabar en directo, algo que ya había hecho Ñaco para sacar un disco con amigos [Blues con los colegas (Moco de Pavo, 2006)]. Dijimos, bueno, podemos grabar un disco pero de una forma más controlada. Grabamos 15 o 16 temas y elegimos 11 o así. Lo sacamos para satisfacer a tantos amigos y aficionados que nos piden un recuerdo de lo que han visto de nosotros en directo.

¿Qué relación has tenido con compañías discográficas?

Desgraciadamente, nadie me ha ofrecido un contrato discográfico como artista de rhythm and blues. Firmé un contrato para sacar el disco de Super Funky Express [Super Funky Express (Blubster Records, 2005)], con Luis García. También he firmado con Sony para grabar un solo tema, que habían grabado para un anuncio de Toyota y yo metí la voz. Salió un disco con temas conocidos de anuncios. Lo que hacemos es crear nuestro propio sello, porque te tienes que identificar. De una forma modesta, soy mi propia discográfica. Mando mis discos y hago promoción.

¿Cómo ves el panorama actual del blues en España, y más concretamente en Madrid?

Hay más festivales de blues en España, pero en Madrid se ha cerrado el Beethoven [Blues Bar], la Coquette sigue pagando lo mismo que hace quince años. Y sigue siendo una bodega bajo tierra donde el volumen de blues de Chicago, blues tradicional de Muddy Waters y Junior Wells les molesta. Para Ñaco, igual que para mí, esa época casi se ha cerrado.

Ahora estoy trabajando más con el lado roquero, no voy a dejar de ser un bluesman. No voy a dejar de sacar frases que salen de mis raíces de blues, de escuchar a Jimmie Rodgers, T-Bone Walker o Jimi Hendrix. No voy a dejar la espontaneidad, el deseo de improvisar en cada canción que haga. No voy a dejar eso. Pero sí voy a volver a componer de forma más progresiva de lo que es normal en el blues, y tocar más alto y con más saturación porque lo echo de menos. Además, parece que los roqueros aquí están muy interesados  en mi estilo porque mi forma de tocar está tan basada en el rhythm and blues.

¿Qué piensas del nivel de ruido que hay en los bares?

No me gusta y es peor aquí en España que en otros países. Es tratar a la música como fondo, como si fuera un DJ. En un bar como el Populart entran grupos y creen que la música es un fondo para sus conversaciones. “¡Nosotros seguimos con nuestra borrachera!”. Desgraciadamente, hay muchos españoles maleducados. Solo se enteran de su propio mundo, que solo llega a un par de metros más allá.

En el Populart, muchas veces, una parte del desafío de cada noche es callar a la gente. La mitad de la gente viene, paga precios muy altos y está sentada… Hay parejas que vienen para ver un concierto pero al fondo hay gente a otra bola. No somos fondo para tus conversaciones, con todo el respeto. Aquí hay un concierto con músicos en directo, con artistas de verdad y tú estás interrumpiendo a los que quieren escuchar la música porque estás de borrachera. Es gente animada que se lo está pasando bien pero no se entera de lo que pasa en el escenario.

Cada noche es un desafío para demostrarle a la gente que no somos aficionados, que somos un grupo de blues de toda la vida. Nuestra razón es la música que sale de nuestras voces y de nuestro instrumento. Eso es un aspecto que me ha molestado bastante desde que vine a España [risas].

¿Crees que es posible hablar de un blues español?

El blues español es básicamente una combinación de estos artistas que van desarrollando su interpretación del blues aquí: Ñaco [Goñi], Tonky [de la Peña], Red House, Fede [Aguado]… Hay nuevas generaciones de músicos que están dedicándose a tocar blues. Por ejemplo, Susan Santos, Pablo Sanpa, que es uno de los chicos que se ha enchufado al blues con más relevancia y sabiduría. Entiende el feel, el groove, el fraseo…  Gente como José Luis Pardo, Flaco [Barral] y yo –que somos de fuera– estamos contribuyendo al panorama de blues aquí en España. Yo no paso mucho tiempo pensando cómo lo estamos afectando o cuál es el nivel de impacto, me interesa más mi próxima dirección artística. Tocar blues para la gente y dejarles recuerdos especiales. Lo mejor es algo que el dinero no te puede comprar, dejar un buen recuerdo. Que una persona se marche y no se olvide, que más se puede pedir…

Entrevista originalmente publicada en Síneris. Revista de Musicología.

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