Una Noche de Blues en Madrid

Ñaco Goñi, cigarro y armónica en mano, junto a Stevie Zee y su inseparable sombrero (Frederic Gasc, Café Populart 2008)

Texto: JOSEP PEDRO

Es octubre de 2011 y la agenda bluesera madrileña es tan exigente como la de las grandes ciudades del blues. La gente del blues lleva tiempo luchando por hacerlo sonar por los bares de Madrid y hoy cualquier día de la semana es bueno. En general, la efervescente emergencia de la escena parece no haber superado los ambiguos terrenos del underground, pero el interés por una música todavía ampliamente desconocida ha ido creciendo, colándose entre las grietas de la ciudad y los medios, moviéndose entre pisos inclinados, calurosos sótanos, pubs de baile, e incluso discotecas. Es un momento delicado porque el cierre del Beethoven Blues Bar ha dejado a músicos y aficionados sin uno de sus principales emblemas. Porque la preocupación por el volumen en las calles y el temor a represalias se combina con la creciente dificultad para ganarse la vida con la cultura.

Pero si el blues fue, entre otras cosas, una música de lamento, también ha sido siempre de liberación y celebración. En estos tiempos de multiplicidad y manufactura, su profundidad va fascinando a nuevas y viejas generaciones al tiempo que descubrimos que en la urbe madrileña existe, de hecho, una escena firme, al margen de la decaída industria discográfica, que dialoga con la rica tradición del blues. El blues del siglo XXI retoma y rebate la tradición, juega con ella, la moldea y la regatea. Es, nuestro blues, un blues de combinación, adaptabilidad y variabilidad; de incuestionable compromiso.

Por momentos, el compacto centro de Madrid parece quedarse pequeño para dar cabida a tanta gente. Hay espacios reducidos que acogen aglomeraciones en torno a la barra; otros que, probablemente por no estar en las calles principales, luchan por atraer al público; y otros, que precisamente por su localización, sirven copas a precios que hacen mella en los bolsillos. Entre todos ellos, los que personifican la reputación de “caña y tapa” de Madrid. Los más concurridos tienen precios populares, nombres sencillos y comida abundante. Pero el Populart no tiene tapas. Allí se vende otra cosa.

Situado en pleno barrio de las letras, el Café Populart es uno de los locales míticos de la escena madrileña de música en vivo. Reconocido y afamado por una apuesta de calidad fundamentalmente basada en el jazz y el blues, el bar reúne a turistas, jóvenes aficionados y parejas de traje, vestido y mediana edad. Aficionados al género, curiosos y amigos se mezclan en torno a la impecable decoración del local. Cuelgan de las paredes instrumentos y retratos de Charlie Parker, Billie Holiday, Louis Armstrong

Es martes por la noche pero incluso hoy hay que evitar a los relaciones públicas mientras subimos por la peatonal calle huertas. Con constante pero variada determinación, te ofrecen una copa en el pub que les contrata. Hay quien compra cervezas en las esquinas, quien prefiere comer algo y quien tiene que pedir para comer. Antes de llegar a la Plaza Matute, unas luces blancas alumbran el cartel de la fachada negra del Populart. Mientras unos se fijan en la programación anunciada, otros apuran caladas al lado de la reapropiada imagen de El Cantor de Jazz (Alan Crosland, 1927); [el rostro teñido de negro de Al Jolson, protagonista de la disputa familiar entre la religión judía y el jazz de la primera película del cine sonoro], que decora la fachada.

Busco nuestra mesa reservada cuando se acerca un camarero. Hay que llamar antes si quieres asegurarte un buen sitio para el espectáculo y mi reserva tiene también su propia historia. “J-O-S-E-P”, deletreo mi nombre ante la incomprensión de mi interlocutor y atiendo su voluntad de que acuda “antes de las diez y cuarto”. “No te digo media hora antes pero sí unos minutos. Que no sea a y cuarto, que no sobrepase”, explica con tosquedad.

El cambio de luces anuncia la salida de los músicos. Son Stevie Zee (voz, guitarra); Ñaco Goñi (armonicista), Javier Fernández (bajo) y Armando Marcé (batería), el grupo que actúa durante toda la semana. La Stevie Zee & Ñaco Goñi Reunion combina versiones de blues tradicional con temas de Hendrix y ZZ Top. Suenan clásicos como “My Babe” y “T-Bone Shuffle”, que junto a versiones de Albert Collins, ZZ Top y Stevie Ray Vaughan me recuerdan a la escena de blues de Austin, Texas. Stevie Zee, cuyo nombre en el cartel y en la web figura como Steve, introduce “Blues Inside Me”, un blues menor de los Bluescavidas, que luego entremezcla con “Stairway to Heaven”.

 Hay una pareja joven en una esquina del escenario. Él es fan y alumno de Stevie. Canta, grita en inglés y disfruta sacudiendo el cuerpo en el poco espacio que le separa de mí. Con las piernas entrecruzadas, su pareja se muerde los labios. Hay dos chicas adolescentes que contemplan encantadas. Una pareja asiática que escucha y observa con respeto. Y, al otro lado del escenario, dos hombres trajeados, uno de generosa barriga, cuyas caras brillan por una mezcla de emoción y embriaguez.

Stevie luce sombrero negro de cowboy. Abre con una línea de bajo a la que le sigue la entrada de “T-Bone Shuffle”, y después de un par de vueltas, da la bienvenida al público. Se presenta y da paso al “maestro de la armónica, Ñaco Goñi”. Entonces Ñaco aspira y sopla la armónica, la exprime, la mima, la muerde. La lleva de un lado a otro mientras se balancea con los ojos entornados. Stevie responde con virtuosismo y precisión. Rasguea y puntea su guitarra acústica, presenta los temas y enlaza conversaciones y diálogos con Ñaco. Ambos intercambian frases y se responden, las repiten y las cambian. Detrás, Javier Fernández mantiene la base constante al bajo. Se asegura de que la canción camine y al final tiene también su momento de solo. A su derecha, con los ojos cerrados está Armando, aparentemente ausente pero muy concentrado mientras lleva el ritmo con las escobillas.

En el entremedio el grupo vende algunos discos. Es momento de pedir otra copa. Stevie habla con su alumno y las dos adolescentes, que siguen a Stevie allá donde toque. Un chaval le pregunta a Ñaco por sus influencias y, entre conversación y conversación, de pronto el descanso termina mientras el público entra y sale. La música vuelve a sonar y el bar se transforma con la experiencia de la música en directo. Entonces, el blues rebrota como un sentimiento común en nuestra vivencia y memoria, que articula la irrepetibilidad y continuidad del momento. Pero el de hoy es solo uno de los posibles recorridos por el circuito del blues madrileño. Una de las historias posibles por donde fluye la música, que surca la ciudad y nos toca.

Recorridos por el blues en Madrid:

1. Una Noche de Blues en Madrid (Stevie Zee & Ñaco Goñi Blues Reunion en el Café Populart)

2. Los días del Elefante Güin (Xulián Freire, Ñaco Goñi, Malcolm Scarpa, Gran Marfi, Luis Fuente…)

3. Tonky Blues Band en el Junco

4. Gran Marfi

5. Fede Aguado en la Coquette

6. Edu Manazas en la Taberna Alabanda

7. Los Juanes en el Intruso (Juan Bourbon, Juan Scotch & Juan Beer, Gran Marfi…)

8. El anuncio de la Sociedad de Blues de Madrid

9. Tail Dragger, el legado de Howlin’ Wolf en Madrid

Trabajo completo: El Blues en Madrid: Una exploración de la cultura musical en el espacio urbano

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